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20/05/2012
Esquizofrenia
 
 
La esquizofrenia es una enfermedad cerebral, en la cual las personas que la padecen escuchan voces, ven cosas que no existen, creen que les leen sus pensamientos o manejan sus mentes. Aunque también la padecen los niños, lo característico es que comience en la adolescencia o en la temprana juventud.


En la esquizofrenia se presentan 3 tipos de síntomas llamados: 1) positivos (implica un exceso de las funciones normales) como ideas delirantes, alucinaciones y comportamientos extravagantes, 2) negativos (disminución o pérdida de funciones normales) traducidos en pobreza afectiva, aislamiento, apatía, falta de voluntad, etc., y 3) cognitivos, tales como disminución de la memoria de trabajo, de la atención, de la concentración, de la fluidez verbal y de las funciones ejecutivas.
A veces, la sintomatología se puede desarrollar muy lentamente durante meses o años, o pueden explotar repentinamente, evolucionando la enfermedad por ciclos de recaída y remisión, llamados brotes.
En el cerebro de los pacientes con esquizofrenia existen diversos desequilibrios en la química cerebral, de las sustancias responsables del normal y adecuado intercambio de mensajes entre las neuronas y entre diversos centros cerebrales.
Se ha comprobado que niños cuyas madres han sufrido gripe, algún virosis u otras infecciones durante el embarazo tienen un riesgo mayor de padecer esquizofrenia, lo cual señala la importancia de las situaciones prenatales para el desarrollo de la esquizofrenia.
El avance de las nuevas técnicas de imágenes que permiten “ver” el cerebro han hecho posible constatar que los esquizofrénicos también presentan una circulación sanguínea diferente a las de personas normales, ya que tienen está disminuída (se llama hipoperfusión) en los lóbulos frontales, en los parietales y en la corteza frontal, entre otros, mientras que se observa hiperperfusión (incremento de la circulación sanguínea) en el cerebelo, el tronco del encéfalo y el tálamo. (Estas evidencias de investigaciones alemanas son relativamente nuevas, del 2010).
Años antes, investigadores de la universidad de Los Ángeles habían comprobado que los jóvenes con esquizofrenia iban perdiendo neuronas a medida que progresaba la enfermedad. Según los autores, como “un incendio forestal” se destruía la sustancia gris, con un inicio en los lóbulos parietales que se propagaba y extendía a buena parte del cerebro en los siguientes cinco años. A mayor pérdida, mayor gravedad o empeoramiento de los síntomas.
Recientes estudios se han dedicado a evaluar si las mutaciones genéticas podrían también influir en las fallas cerebrales. Se comprobó una alteración que se conoce como supresión 22q11, frecuente en personas con esta enfermedad, que impide una correcta comunicación entre el hipocampo y la corteza prefrontal.
Pero no todo debe limitarse a mirar dentro del cerebro. También es imprescindible observar que pasa afuera, desde las iniciales interacciones vinculares hasta las relaciones con el entorno, dado que el cerebro es modificable según lo que vaya viviendo una persona.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 20-5-12.


 

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