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31/07/2011
El Rechazo Sexual
 
 
A muchas personas les resulta difícil creer que existan otras a quienes el sexo les produzca rechazo. Quizás puedan llegar entender que algunos lo disfrute poco pero que lo repudie puede ser más complicado de comprender. Sería algo similar a lo que pasa con la comida: para la mayoría, es una fuente de placer el degustar diversos alimentos mientras que otros sienten rechazo o aversión a su ingesta, como sucede, por ejemplo, en la anorexia. El rechazo sexual se evidencia en diversas conductas cuya finalidad última es evitar de manera activa y persistente todo tipo de contacto sexual. Sería lo opuesto a la adicción sexual.

Se desconoce su frecuencia en la población general dado que no existen estadísticas fieles por no ser un motivo frecuente de consulta y mantenerse en reserva, aunque se estima que lo padece un 10% de los hombres y un 30% de las mujeres. Esta diferencia quizás podría en parte atribuirse a factores culturales por la mala prensa que la sexualidad, especialmente sobre las mujeres, tuvo a través del tiempo. Siempre se consideró históricamente que la actividad sexual era más adecuada en el hombre que en la mujer, para quien tenía (y tiene todavía en algunos grupos sociales) una connotación indeseable, negativa o pecaminosa.
Es importante destacar que las personas con rechazo sexual mantienen intacta su respuesta y funcionalidad genital: en el hombre, la erección y la capacidad de eyacular, y en la mujer, la capacidad de llegar al orgasmo.
Quien lo padece siente persistente de miedo, asco, repulsión, disgusto o ansiedad frente a cualquier acercamiento sexual y hasta con pensamiento sobre esta temática. Es decir, se extiende desde contactos superficiales -como besos o caricias corporales- hasta cualquier expresión evidente de una relación sexual. La intensidad del rechazo es variable, desde una ansiedad moderada y ausencia de placer hasta un profundo y doloroso malestar psicológico. El rasgo típicol es un temor desmedido e irracional a las experiencias sexuales y un deseo desmedido a evitarlas.
En todos los casos existen factores que predisponen, precipitan o mantienen la disfunción. Como ejemplos podrían citarse:
1) Factores predisponentes: una educación moral y religiosa estricta, malas relaciones parentales, información sexual inadecuada, experiencias sexuales traumáticas en la infancia (violación, maltrato, incesto) e inseguridad personal.
2) Factores precipitantes: pareja poco contenedora, dolor en el contacto sexual, conflictos de pareja, infidelidad, expectativas irreales, reacción a algún trastorno orgánico subyacente, edad y cambios hormonales, trastornos emocionales (depresión, ansiedad) y abortos provocados previos.
3) Factores que mantienen la disfunción: ansiedad ante la interacción sexual, anticipación de fracaso, culpabilidad, falta de atracción y comunicación en la pareja, miedo a la intimidad, deficiente autoestima, escasez de estímulos eróticos, poca dedicación a los juegos sexuales preliminares.
El rechazo sexual es tratable y posible de solucionar siempre y cuando que quien lo padezca tome conciencia de su problema y tenga la motivación necesaria para consultar.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 31/7/11.

 

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