Articulos
15/07/2012
Cortisol y Amenazas
 
 
Cuando se produce una situación de amenaza, el organismo la registra como tal y el cerebro envía diversos mensajes a diferentes lugares del cuerpo para que se prepare adecuadamente para su defensa. Uno de esos mensajes importantes es el que dirige a las glándulas suprarrenales para que libere cortisol, una hormona de suma trascendencia para enfrentar tales situaciones de amenaza. (Conviene recordar el nombre de esta hormona por su interés y por ser poco conocida por muchas personas). Si la situación de alarma es puntual y transitoria,

una vez superada la emergencia todo vuelve a la normalidad, incluyendo la regularización de la producción del cortisol. En caso contrario, es decir, si el riesgo continúa en forma prolongada el nivel de cortisol permanecerá también elevado por un largo tiempo. Vale la pena destacar que el concepto de amenaza no solo se refiere a aquellas provenientes del exterior externa sino que incluye a las internas, fruto de pensamientos, creencias, temores, celos, tristeza o enojo.
El cortisol es responsable de regular la presión arterial, las defensas contra las infecciones, el sueño nocturno, el estado de ánimo, los niveles de azúcar en sangre y la cantidad de grasa abdominal (ya que la aumenta).
Para que una persona permanezca física y emocionalmente estable debe tener, entre otros factores, un equilibrado nivel de cortisol. Por el contrario, si en un individuo su suprarrenal aumenta la producción y el nivel de cortisol más allá de lo normal, afectará negativamente su salud.
Los síntomas que indican tales incrementos perjudiciales son a veces muy sutiles mientras que en otras oportunidades resultan evidentes para el especialista atento. Por un lado, causa cambios anímicos (malhumor, irritabilidad frecuente, rabia, ganas de llorar) y, por otro, síntomas físicos diversos (cansancio, dolores de cabeza, palpitaciones, hipertensión, falta o exceso de apetito, molestias digestivas, dolores, calambres musculares, infertilidad, falta de la menstruación, pérdida de memoria y disminución de las defensas).
Los síntomas serán variables ya que cada individuo tiene su propio talón de Aquiles y, en consecuencia, las manifestaciones se expresarán según esa particular vulnerabilidad. Es decir, que actuará sobre la zona más frágil de cada persona.
En la actualidad, se sabe también que el prolongado incremento de cortisol ejerce sobre el cerebro un efecto tóxico, llegando a producir la muerte de las neuronas y desequilibrios en la química del cerebro, por lo cual son frecuentes además diversos trastornos.
El exceso de cortisol activa la amígdala del cerebro, el órgano encargado del control de las emociones, generando francas señales de su mal funcionamiento, tales como la inducción de trastornos como la depresión, la ansiedad o el pánico. Es por tal motivo, por ejemplo, que los pacientes depresivos mejoran de forma evidente cuando se logra disminuir los niveles de cortisol, especialmente en aquellos casos donde la administración de antidepresivos no resulta efectiva.
…………………………………………
E. Norberto Abdala, para VIVA del 15 de julio de 2012

 

Notas Relacionadas con Articulos