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09/12/2012
Corazón Roto
 
 
En la década del 90 un grupo de cardiólogos japoneses describieron un nuevo trastorno compuesto por un conjunto de síntomas que llamaron takotsubo (nombre de las trampas que aun usan los pescadores de esa nacionalidad para atrapar pulpos, trampas que tienen un fondo redondo amplio con un cuello estrecho y así, cuando entre en ella queda apresado al tirar el pescador del lazo que rodea el cuello de entada al dispositivo).

También se lo llama síndrome del corazón roto o de disquinesia apical ya que la punta del corazón se debilita en su función contráctil e impide que este, como buena bomba que es, funcione de manera suficiente.
La sintomatología es similar a la un ataque cardíaco: dolor de pecho, disnea (dificultad respiratoria), transpiración, mareos, palpitaciones. Los síntomas requieren la internación del paciente para descartar la existencia de una enfermedad coronaria, infarto agudo de miocardio, miocarditis, pericarditis, disección de la aorta, etc.
Los estudios habituales que se realizan en las salas de emergencia muestran alteraciones en el electrocardiograma pero, con frecuencia, las enzimas que normalmente aumentan durante el infarto (indicadoras de sufrimiento del miocardio) suelen estar en valores normales. En mínimos casos, suele aumentar levemente la troponina T, la CPK, la CKMB y la mioglobinas.
La coronariografía en general muestra arterias coronarias normales, salvo en ocasiones que se encuentran espasmos transitorios, en particular en la coronaria descendente anterior izquierda. Por su parte, la ventriculografía izquierda suele mostrar el globo típico de la punta del corazón con un incremento de la contracción de los segmentos superiores. La evolución suele ser benigna.
En un 70 % de los casos, el síndrome del corazón roto se produce en mujeres post-menopáusicas que atraviesan un estado de marcado estrés emocional, la pérdida de personas significativas o importantes desilusiones amorosas.
¿Por qué en ellas? Aunque la causa no es precisa, se atribuye a la combinación de un aumento de catecolaminas que genera siempre el estrés junto a la normal deficiencia de estrógenos que ocurre en la menopausia. Estas hormonas, siempre protectoras del corazón, también mantienen niveles más altos de colesterol HDL (“bueno”) y niveles más bajos del LDL (“colesterol malo”).
Nadie desconoce en la actualidad la relación entre el estrés emocional y los eventos coronarios ya que el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio se duplica en las 2 horas posteriores a padecer crisis emocionales significativas.
El estrés siempre es la consecuencia de una ecuación entre la intensidad de un estímulo y la capacidad de respuesta de un individuo ante él. Esta es una dificultad para precisar el riesgo cardiovascular, ya que dependerá, en definitiva, de cómo cada individuo se enfrente a la situación estresante.
Toda mujer siempre debe controlar su estado mamario por el riesgo de cáncer y de igual manera es imprescindible que supervise su estado cardíaco y trate adecuadamente toda situación de estrés.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 9-12-12.
 

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