Articulos
17/06/2012
Cáncer y Estrés
 
 
En la actualidad, la prevención del cáncer es uno de los objetivos médicos más importantes y para cuyo éxito resulta fundamental la educación en la salud.

En tal sentido conviene tener presente el decálogo de consejos que promovió la Comunidad Europea, en el año 1985: 1) No fume: deje de fumar lo antes posible y no fume delante de otros; 2) Sea moderado en el consumo de bebidas alcohólicas; 3) Evite la exposición excesiva al sol; 4) Respete las instrucciones profesionales de seguridad durante la producción, manipulación o utilización de toda sustancia cancerígena; 5) Coma frecuentemente frutas, verduras frescas y cereales de alto contenido en fibras; 6) Evite el exceso de peso y limite el consumo de grasas; 7) Consulte a su médico en el caso de evolución anormal: cambio de aspecto de un lunar, un bulto o una cicatriz anormal; 8) Consulte a su médico en casos de trastornos persistentes, como tos, ronquera, cambios de hábitos intestinales o pérdida de peso no justificada; 9) La mujer debe hacer periódicamente un Papanicolau y 10) La mujer debe efectuar regularmente mamografía (y ecografía) de mamas.
Pero también se consideran otros factores como importantes para mantener la salud. Dentro de ellos, es necesario destacar al apoyo emocional o social que tiene una persona y al grado de estrés que padece ya que aquellos que están afectivamente aislados o soportan situaciones de sobrecarga emocional o física son más propensos a enfermar. Precisamente, la psiconeuroinmunología estudia como el estrés repercute sobre las defensas del organismo al afectar el funcionamiento neurohormonal.
Dos preguntas intentan responder muchos investigadores que buscan la relación entre estrés y cáncer: ¿las personas que desarrollan un cáncer han padecido fuerte estrés en los años previos a su detección? y ¿aquellos que han experimentado un estrés extremo son más propensos a desarrollar un cáncer?
La discusión está abierta ya que algunos afirman que existe una clara relación entre el estrés y la aparición de cáncer mientras otros niegan que haya alguna vinculación que sea válida.
Sin embargo, resulta útil recordar las conclusiones de L. Sklar y H. Anisman (en 1981, antiguas pero vigentes todavía): “Nuestro punto de vista es, no que el estrés sea la causa del cáncer sino más bien que el estrés, como acontecimiento ambiental con profundos efectos sobre el funcionamiento fisiológico, puede influir en el curso de la enfermedad neoplásica. En efecto, el estrés se traduce en cambios biológicos compensatorios para hacer frente a las demandas a las que se ve sometido el organismo. Sin embargo, la movilización focalizada de recursos o su potencial agotamiento incapacita en alguna medida al organismo para luchar con eficacia contra las células cancerosas. Dada la relación existente entre los sistemas neuroquímico, hormonal e inmunitario, una perturbación en cualquiera de estos procesos podría incrementar ostensiblemente la proliferación de células cancerosas”.
Por lo tanto, el tratamiento de un paciente oncológico siempre debe ser integral.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 17/6/12.


 

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