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15/01/2012
La Autoestima
 
 
Una forma clara de entender el concepto de autoestima es considerarla como la sensación fundamental de eficacia y un sentido inherente de mérito, fruto de la suma integrada de confianza y de respeto hacia sí mismo.

Que una persona disfrute de la vida, inicie y mantenga relaciones positivas con los demás, sea autónomo y capaz de aprender, dependerá de su autoestima. El concepto encierra no sólo el conjunto de características personales sino el significado y la valoración que, consciente o inconscientemente, le otorgue a las mismas.
A partir de una determinada edad el niño recibe opiniones que le darán un primer bosquejo de quién es él, es decir, opiniones que llegan siempre desde afuera. Como los niños no pueden hacer una distinción entre objetividad y subjetividad, todo lo que oyen sobre ellos conformará una verdad única.
La conformación de la autoestima se inicia con estos primeros esbozos que el niño recibe, principalmente, de las figuras más significativas para él. Por ejemplo, la opinión de "niño tonto" si es dicha por los padres en forma recurrente, indiscriminada y descalificadora tendrá una profunda (y a veces permanente) repercusión en la personalidad del pequeño.
Ya adulto, si existen daños en su autoestima, se acompaña con miedos, angustia, inseguridad y tener un ánimo triste sino depresivo. Resulta penoso observar, por ejemplo, que se pueda tener miedo tanto a perder como a ganar, ya que lo que logre no tendrá la “cualidad real”, si no lo que dicte la propia percepción de sí mismo.
Llegado a este punto, el individuo con baja autoestima genera modalidades especiales para lograr el cariño que tanto anhela, que, en general, son complicados porque implican la extorsión, la caridad, la invocación a la justicia o las amenazas. Por ejemplo, al extorsionar suele implicar "te quiero, por lo tanto, debes quererme y dejar todo por mi"; si usa la caridad parece expresar "debes quererme, porque sufro y estoy indefenso"; si invoca la justica el argumento es "hice todo esto por vos y vos ¿qué haces por mi?"; si amenaza suele plantear directamente "si no me querés, entonces, ya vas a ver".
Junto a cada una de estas posibles alternativas va incluida una cuota de hostilidad oculta. Lo que en general logran con estas estrategias sobre los otros es generar en ellos desconfianza, ansiedad o rechazo, lo que realimenta la baja autoestima original.
Es posible reconocer algunos de los indicadores siguientes en el adulto con autoestima baja:
• Autocrítica dura y excesiva que mantiene la insatisfacción consigo mismo.
• Hipersensibilidad a la crítica, por la que se siente injusta y exageradamente atacado o lastimado.
• Constante indecisión por miedo exagerado a equivocarse.
• Deseo innecesario por complacer, por lo cual no se atreve a un "no” rotundo.
• Perfeccionismo que desmorona si las cosas no salen con la perfección exigida.
• Culpa frecuente por exageración de sus errores.
• Irritabilidad a flor de piel, aún por cosas de poca importancia.
• Tendencia negativa generalizada por ver todo negro.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 15-1-12

 

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