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11/03/2012
Autoestima en Jóvenes y en Adultos
 
 
La adolescencia es un período de cambios psicológicos y físicos que pueden aumentar o disminuir la autoestima según si las nuevas características corporales gusten o no a los jóvenes. Así, el peso, la altura, el tamaño de los pechos, la presencia o ausencia la celulitis, la aparición o no de la menstruación, el inicio sexual se transforman en factores de suma importancia para sentirse bien o mal consigo mismos. Es un período de la vida con grandes desafíos en el que se continuará desarrollando la autoestima iniciada en la infancia.

Ya en la edad adulta es común que algunas piensen cosas como: “Bueno mi autoestima ya está formada y ahora no hay nada que pueda hacer para mejorarla”, “Yo soy así y no puedo evitar que me pasen por encima”, “Yo no tengo un problema de autoestima, mi problema con la comida no tiene nada que ver con eso”, “Ya estoy resignado a que en el trabajo nunca me tomen en cuenta”, “Mi depresión es muy fuerte y por otras causas, no por mi autoestima”, etc.
Los adultos que así piensan se identifican con una idea de sí mismos y no con la realidad de sus sentimientos y experiencias actuales. Es decir, viven divididos entre imagen y realidad, entre lo que piensa que es y lo que realmente es. Las expectativas y los miedos se perpetúan en una suerte de espiral en la cual el adulto quiere alcanzar una estimación y aceptación a pesar de su desvalorización, que siente como su verdadera esencia.
En la valoración de sí mismo es posible reconocer dos tipos diferentes de problemas. Uno, la baja autoestima focal, abarca sólo áreas concretas de la vida del sujeto. Por ejemplo, una persona puede confiar en sí mismo como padre, en su desempeño social y en su vida afectiva, pero puede presentar seria desvalorización y nulas expectativas para alcanzar logros o ascensos en su trabajo.

Otro tipo -ya más serio- es la baja autoestima general, de personalidad, fruto de experiencias tempranas de carencia emocional, descalificación, abuso o maltrato. En estos casos el individuo aparece inhibido en forma permanente y generalizada, afectándose su desempeño familiar, social y laboral, tres áreas claves del funcionamiento humano.

La baja autoestima en adolescentes y en adultos es un generador de diversos trastornos: anímicos (depresión, ansiedad), alimentarios (anorexia, obesidad, bulimia), laborales (evitar responsabilidades, trabajo en equipo, poca valoración de su tarea), sentimentales (dificultad para encontrar pareja, problemas de intimidad y de comunicación), sociales (miedo a hablar con gente nueva, a asistir a reuniones o fiestas, evitar encarar actividades desconocidas, fobia a hablar en público), familiares (dañar la autoestima de los hijos, dificultad para demostrar y recibir amor y afecto), adictivos (abuso en el consumo de alcohol, tabaco o drogas).
Quien padezca de baja autoestima, conviene que acuda a un terapeuta calificado ya que es un trastorno tratable y solucionable. La dificultad mayor es si el individuo piensa que, como no vale para mucho, tampoco servirá para beneficiarse con un tratamiento adecuado.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 11-3-12.

 

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