Articulos
16/12/2012
Alimentación, Defensas y Salud Cerebral.
 
 
“Todas las enfermedades se generan en el intestino” afirmó Hipócrates hace muchos siglos. Y las investigaciones recientes parecen darle la razón ya que diversos trastornos vinculados con el cerebro y el sistema inmunológico se relacionan con el mal funcionamiento del aparato digestivo.


En la actualidad, se hace foco en la flora intestinal y en los alimentos que se ingieren. No se debe olvidar el importante cambio que sufrió nuestra dieta en los últimos 50 años. El intestino humano, reino de sus normales y necesarias bacterias, tuvo que acostumbrarse al reemplazo de ingerir alimentos frescos y naturales por otros, con predominio masivo de azúcares, de grasas hidrogenadas, de harinas refinadas, de exceso de sodio y de muchas modificaciones para su conservación fruto del proceso de industrialización alimentaria.
El intestino, literalmente nuestro segundo cerebro tiene la capacidad de influir de manera categórica en el funcionamiento cerebral, en el estado de ánimo, en la conducta y en las defensas del organismo. La psiquiatría amplia así cada vez más sus fronteras, de manera tal que además de los conflictos psicológicos, los desequilibrios neuroquímicos, los cambios hormonales y las alteraciones del sistema inmunológico (que en la actualidad los psiquiatras consideran en el tratamiento de un paciente) se avanza sobre nuevos territorios a investigar. Uno de ellos, hasta ahora poco atendido, es el de la alimentación.
El intestino y el cerebro trabajan en equipo y cada uno influye en el otro, razón por la cual la salud intestinal tiene una influencia muy importante en la salud mental y viceversa.
En diciembre de 2010 una publicación de Archives of General Psychiatry, a consecuencia de una amplia revisión de múltiples trabajos de investigación dejó en evidencia como diversas enfermedades pueden estar determinadas o acrecentadas por alteraciones de la flora intestinal a causa una dieta inadecuada. En su síntesis, explicita que los normales microorganismos intestinales se encargan de actuar en el entrenamiento del sistema inmunológico para que este tolere y resista a una amplia gama de agentes potencialmente productores de diversas afecciones. Si falla la capacitación inmunológica, las personas vulnerables tienen un mayor riesgo de sufrir trastornos frente a inofensivos agentes ambientales, que conducen, por ejemplo, al asma, a propias enfermedades inflamatorias intestinales, a diversas enfermedades autoinmunes, a promover cuadros depresivos, ansiosos, de hiperactividad y hasta de autismo infantil (esto último bajo investigación actual).
El uso de prebióticos y probióticos (con aportes de saludables micoorganismos vivos) así como una cuidadosa selección de los alimentos que ayuden a preservar una equilibrada función intestinal tendrían el potencial efecto de mejorar la química cerebral y reducir los trastornos relacionados con la ansiedad y con la depresión, entre otras acciones, por incrementar los niveles de GABA y serotonina en el cerebro y disminuir los niveles de las hormonas del estrés.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 16-12-12.


 

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