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29/05/2011
Alimentación y Depresión
 
 
La depresión, un trastorno que afecta a muchas personas y tiene diversas causas, está efectivamente asociada también a lo que se come. Así como desde hace mucho tiempo se conoce que tipo de alimentos son beneficiosos o perjudiciales para el colesterol o para las enfermedades cardiovasculares, en la actualidad se ha comprobado que también el tipo de alimentación influye en la presencia o en la evolución de las depresiones.

Investigadores de la University College London advierten que aquellos que comen de manera frecuente comidas con alto contenido de ciertas grasas (comidas preparadas, postres y dulces), tienen un 60% más de riesgo de sufrir depresión que quienes hacen una dieta equilibrada con un aporte adecuado de frutas, verduras y pescado.
Sin embargo, es necesario aclarar que las grasas desarrollan saludables funciones en el organismo: son fuente de energía para el cuerpo; colaboran en la regulación de la temperatura corporal ya que la grasa subcutánea es un aislante térmico; son vehículos imprescindibles para transportar y absorber las vitaminas liposolubles (A, D, E, K); son constituyentes claves en la conformación de hormonas; suministran ácidos grasos esenciales para el organismo y evitan que las proteínas se usen como fuente de energía.
Las grasas no son todas iguales y reciben distintos nombres según su estructura química (saturadas, monoinsaturadas, poliinsaturadas y ácidos grasos trans). Una alimentación será adecuada al distinguirlas, conocer sus funciones y la cantidad diaria conveniente de ingerir.
De manera general (dado que es imposible hacer un listado completo en relación a los alimentos) se puede decir que las grasa saturadas o “malas” provienen, sobre todo, de los productos de origen animal (carnes, vísceras, embutidos, piel de pollo, huevos, lácteos enteros, crema, yema de huevo), del aceite de coco (que se usa en elaboraciones industriales), del chocolate y de los productos de pastelería. Una manera sencilla para distinguirlas es que, a menos que se calienten, son sólidas. Los vegetales carecen de este tipo de grasas (salvo algunas excepciones como el aceite de coco).
Las grasas trans son frecuentes encontrarlas en margarinas, papas fritas, aperitivos fritos industriales y en productos de pastelería. Son perjudiciales ya que funcionan como si fueren grasas saturadas disfrazadas, elevando los niveles de colesterol y causando problemas circulatorios.
En cambio, las grasas insaturadas o “buenas” son aquellas que son líquidas a temperatura ambiente y ejercen un papel beneficioso en el control del colesterol y en las enfermedades del corazón. Por ejemplo, son los aceites de girasol, de oliva, de soja.
La alimentación es un factor influyente que puede tanto provocar depresión o aliviarla, aunque en muchos casos se requiera de un tratamiento especializado.
Sería perjudicial si tanto el paciente como el profesional no prestaran atención a la alimentación. Algo similar al riesgo que correría un deportista si no recibiera la alimentación adecuada.
Los lectores interesados en profundizar en el tema pueden entrar, entre otros, en los sitios www.botanical-online.com o www.alimentación-sana.com.ar.

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E. Norberto Abdala, para VIVA del 29-5-11

 

 

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