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29/04/2012
Acoso Escolar
 
 
En general, los trastornos emocionales o las enfermedades psiquiátricas no aparecen de manera imprevista. Por el contrario, se generan progresivamente desde los primeros años de vida hasta que, como un volcán, hacen su erupción. Las causas detonantes muchas veces son sutiles, imperceptibles o hasta tan ocultas que sorprenden ya que parecen inexistentes.

Cada vez y mayor frecuencia, síntomas psicológicos o emocionales aparecen en la población infantil o adolescente, por la cual es importante ubicar sus posibles orígenes para cumplir con el antiguo principio de que “es mejor prevenir que curar”. En la infancia, las dificultades emocionales, de conducta o de aprendizaje, resultan más frecuentes como consecuencias de factores familiares o ambientales que por causas genéticas o hereditarias.
El abuso sexual y el acoso escolar (bullying, en inglés) son las agresiones más severas para los niños. La concreción de cualquiera de ellas es un importante elemento predictivo de futuras y/o graves consecuencias psiquiátricas. Algunas pueden ser muy serias, como la aparición de síntomas de psicosis (locura) en la infancia, de esquizofrenia en la juventud o el desarrollo de personalidades antisociales o perversas en la adultez.
El acoso escolar es ya una epidemia que produce un rápido contagio. Según la UNESCO, en nuestro país alcanza al 37% de la población escolar, cifra que está al tope entre los países de la región. Se da en cualquier contexto social, a veces más en las clases medias o altas y en ambos sexos. Un hecho llamativo es que las niñas pueden ser muy violentas, como a veces dan cuenta las crónicas periodísticas.
La conducta típica del acosador es que es intencional, persistente y agresiva mientras las víctimas suelen ser o sentirse pasivas y débiles. Los perjudicados son, por ejemplo, niños que tienen sobrepeso, usan anteojos, pertenecen a una determinada religión, tienen baja estatura o dejan en evidencia que no se saben defender.
Se señala como elemento característico del acoso lo que se llama “la intención de daño”, es decir, la franca evidencia de que existe un definido propósito de lastimar a la víctima, sea desde un punto de vista psicológico (insultos, amenazas, ridiculización, desprecio, exclusión, etc.) sea desde un punto de vista físico (golpes, empujones, patadas, cortes, etc.).
Las consecuencias del acoso escolar son diversas pero siempre profundas por los efectos que producen en las víctimas: una baja autoestima, tendencia a la pasividad, introversión, angustia, depresión, pérdida de interés en el aprendizaje, fracaso social, miedos de diversa naturaleza, cefaleas, nauseas, vómitos, adicciones, episodios psicóticos y pensamientos o intentos de suicidio.
Es de vital importancia que los centros educativos no resulten cómplices pasivos del acoso. De ahí la importancia que los maestros o profesores estén siempre atentos para su detección y prevención ya que las víctimas, en general, no hablan.
Otro serio peligro es el acoso cibernético que crece de manera alarmante. ………………………………………………..
E. Norberto Abdala, para VIVA del 29-4-12.

 

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