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29/07/2012
Neuronas Intestinales
 
 
La función del aparato digestivo es digerir los alimentos, aportar al organismo agua, sales y nutrientes y eliminar los residuos innecesarios. Estas funciones están coordinadas por más de cien mil millones de neuronas que residen a lo largo de todo el tubo digestivo. Tan importante son la cantidad y las funciones de estas neuronas que conforman una suerte de segundo cerebro, que no piensa pero siente.

M. Gershon, jefe del Departamento de Anatomía y Biología Celular de la Universidad de Columbia (EEUU) es autor, precisamente, del libro “El segundo cerebro” y dice que así “El cerebro de la cabeza no tiene que ensuciarse las manos con el negocio sucio de la digestión”.
En toda la extensión del intestino, tanto delgado y grueso, están instaladas las neuronas “comandantes” que reciben órdenes básicas del cerebro craneal y las distribuyen a los millones de las neuronas intestinales controlando dos acciones claves: dirigir el proceso de digestión y colaborar con el sistema inmunitario en la defensa frente a sustancias y microorganismos hostiles. Así, el cerebro intestinal toma sus propias decisiones a través de múltiples circuitos nerviosos locales, de complejidad similar a los del cerebro craneal.
El cerebro digestivo es responsable desde las sensaciones de “nervios en el estómago” hasta trastornos muy frecuentes e incómodos como lo es el síndrome de colon irritable, que ocasiona entre el 20 y el 50% de las consultas a los gastroenterólogos.
Ambos cerebros están comunicados entre sí por diversos mecanismos nerviosos y hormonales. El principal nervio visceral es el llamado vago. Con cierta sorpresa se comprobó que cerca del 90% de las fibras de este nervio llevan la información desde el intestino al cerebro y no al revés, como se creía hasta hace poco tiempo. Permite entender así la importancia que tienen sobre el estado de ánimo los malestares que provienen del aparato digestivo y llegan a la cabeza.
La serotonina también se localiza en un 95% en el tracto intestinal. Esta sustancia no solo facilita la concordancia que existe entre ambos cerebros, sino que permite comprender, por ejemplo, la causa por la cual algunos tratamientos con fármacos antidepresivos, cuyo objetivo es el de corregir niveles bajos de serotonina en el cerebro, pueden impactar, si excede su cantidad, sobre el aparato digestivo, ocasionando náuseas, dolores, constipación o diarrea. Es decir, efectos similares a los del colon irritable.
Gershon afirma “que lo que se ha considerado como enfermedades digestivas puramente psicosomáticas, por conflictos que se generaban en el cerebro central, se asocian actualmente con anormalidades propias y reales del cerebro intestinal”. Significa, en pocas palabras, que los trastornos intestinales afectan al sistema nervioso central y al estado de ánimo, y no sólo a la inversa, como se creía hasta hace poco tiempo. ¿Será el colon irritable una “enfermedad mental” del cerebro intestinal? Las investigaciones apuntan a eso.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 29-7.12
 

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