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31/08/2008
Maltrato Infantil y Desarrollo Cerebral.
 
 
El cerebro –tanto animal como humano- tiene “períodos críticos” durante su desarrollo, que son momentos precisos en los que deben ocurrir una serie de acontecimientos secuencialmente ordenados para que la formación y las funciones cerebrales y psíquicas ocurran con normalidad. Cualquier agente externo o interno que afecte estos períodos críticos producirá consecuencias a futuro por provocar cambios permanentes en la estructura cerebral.

El estrés produce una serie de cambios hormonales que influyen negativamente sobre el organismo y según en qué fase del desarrollo éste se encuentre, ocasionará trastornos tanto a nivel anatómico como conductual. A título de ejemplo, en la investigación con animales se comprobó que niveles altos de las hormonas del estrés durante el periodo prenatal en ratas por nacer altera su posterior conducta reproductora, de manera tal que cuando ya son adultas y producen crías perdieron –por ese antiguo estrés- la capacidad para desarrollar su conducta materna. Por su lado, los machos que atravesaron situaciones similares, presentan alteraciones en su conducta sexual adulta.
Lo mismo sucede en el ser humano: la investigación revela la existencia de un fuerte vínculo entre el maltrato psíquico, físico, sexual y emocional de los niños y el desarrollo de posteriores problemas psiquiátricos.
Al ocurrir el maltrato contra el niño según el período crítico de formación en que su cerebro se está esculpiendo, el impacto puede dejar marcas indelebles en su estructura como sus funciones psíquicas, ya que las oleadas hormonales del estrés alteran tanto el desarrollo como las conexiones de las neuronas.
Las secuelas podrán manifestarse en cualquier edad y de modos diversos. Subjetivamente, en forma de depresión, ansiedad, pensamientos suicidas, o somatizaciones diversas; objetivamente, se exteriorizan a través de la agresividad, conductas antisociales, impulsividad, hiperactividad, abuso de drogas o trastornos de la personalidad.
El sistema límbico es un conjunto de núcleos cerebrales interconectados que desempeñan un papel fundamental en la regulación de las emociones y de la memoria. Y dentro de este sistema dos regiones muy importantes son el hipocampo y la amígdala: el primero en la formación y en la recuperación de la memoria, y la segunda por crear el contenido emocional de la memoria, los sentimientos relacionados con el condicionamiento por el miedo y las reacciones agresivas. La conducta antisocial resultante de maltratos sufridos en la infancia parece deberse a la sobreexcitación persistente del sistema límbico y a la reducción de hasta un 16% del tamaño del hipocampo y un 8% del tamaño de la amígdala, como consecuencia precisamente del maltrato.
Además, es importante no olvidar que el maltrato afecta (y mucho) el psiquismo al desarrollar el sujeto mecanismos inconscientes de defensa que resultan negativos en su edad adulta, dejando un “niño herido” en el interior de su personalidad. En consecuencia, siempre resulta imperiosa la necesidad de un tratamiento integral en las víctimas del maltrato infantil que contemple no sólo las secuelas cerebrales sino también las psicológicas.
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E. Norberto Abdala, para VIVA.


 

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