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28/08/2005
Atracción Fatal
 
 
Cuando un médico receta un medicamento, es frecuente que el paciente lea el folleto adjunto para conocer en detalle sus acciones, sus efectos secundarios y su posible toxicidad. Si el folleto señalara que el remedio indicado contiene 65 sustancias que producen cáncer y adicción, el paciente pensaría que el médico es, por lo menos, un irresponsable. Pues eso hace el fumador: canaliza su ansiedad con un “medicamento” llamado cigarrillo, que dentro de los 4.000 componentes químicos que contiene, incluye amoníaco, benzopireno, cianuro de hidrógeno, dióxido de carbono, monóxido de carbono y arsénico, responsables de inducir cáncer de pulmón y enfermedades cardíacas.

Muchos fumadores padecen, sin saberlo, una “depresión sin depresión”, es decir, un cuadro depresivo-ansioso oculto que se expresa con manifestaciones corporales, tales como cansancio, dolores de cabeza o de espalda, dificultad para concentrarse y problemas de sueño. El fumador inhala todos los elementos tóxicos del cigarrillo para utilizar como tranquilizante y antidepresivo el “medicamento” nicotina. Ignora que se está auto-medicando, es decir, que recibe un medicamento que él mismo se prescribe para lograr alivio a su tensión emocional. Medicamento con alto riesgo para la salud, por cierto, ya que en la Argentina es el responsable de una muerte cada 15 minutos. En Estados Unidos es causante de más defunciones que la suma de las producidas por el consumo de alcohol, drogas, accidentes automovilísticos, asesinatos, suicidios y el SIDA.
La nicotina activa dos centros cerebrales: el sistema Mesolímbico Dopaminérgico, que es el centro del placer y de la gratificación, y el Locus Ceruleus, que es el encargado del estado de alerta y de vigilia. La estimulación de ambos, por la nicotina, mejora las funciones cognitivas, la capacidad de concentración, las perfomances intelectuales y reduce las reacciones de estrés, proporcionando una sensación de seguridad y de relajación en situaciones críticas.
La nicotina es adictiva, por lo que el fumador queda esclavo del cigarrillo (la palabra “adictus” significa, precisamente, esclavo). Esto implica que, a mayor consumo, mayor deseo de un próximo cigarrillo.
En los últimos 13 años se han producido avances importantes para el tratamiento del tabaquismo. Hacia 1992, el Instituto de Salud de los EEUU constató, después de precisos estudios estadísticos, que todo el presupuesto que había destinado al tratamiento de veinte millones de fumadores con técnicas de psicoeducación y grupos de autoayuda, había logrado que sólo el 3% de los pacientes abandonaran el hábito de fumar. Por tal motivo, a partir de 1993 comenzaron a utilizarse los parches dérmicos de nicotina, lo que permitió que aumentara a un 12% la cantidad de pacientes que dejaron de fumar. La idea que sostenía esta estrategia apuntaba a continuar con el aporte de la nicotina, pero eliminando las demás sustancias tóxicas del cigarrillo, para después empezar, progresivamente, a disminuir la nicotina con parches de menores concentraciones.
El descubrimiento de que la nicotina aumenta los niveles cerebrales de dopamina permitió, que a partir de 1999, se comenzara a utilizar un psicofármaco que tenía similar acción que la nicotina por actuar en los mismos centros cerebrales. Las estadísticas constataron que su uso elevó a un 45 % los éxitos terapéuticos.
En la actualidad el arsenal farmacológico ya dispone de media docena de productos que, utilizados en combinaciones adecuadas, según las características de cada persona fumadora, permite que el porcentaje de logros terapéuticos ascienda a un 72% de los pacientes tratados.
Se estima que se pierden 5,5 minutos de vida por cada cigarrillo que se fuma. Así, en una persona de 65 años que fuma un atado por día, su expectativa de vida disminuye entre 3 y 5 años, en relación a una no fumadora de la misma edad. El cigarrillo: una atracción fatal, literalmente.


Dr. Elías Norberto Abdala
 


 

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