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20/12/2012
Dolor Crónico
 
 
Todo el mundo lo reconoce rápidamente. Infinidad de causas lo producen: por pincharse con un alfiler, por quemarse al tocar algo caliente, por la cabeza que explota en la migraña o por una puntada en la espalda al levantar un objeto pesado. Se llama dolor, y afortunadamente, es un mecanismo del organismo para informar que algo lo está dañando.

Para la International Association of the Study of Pain el dolor es “una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a un daño real o potencial de un tejido”. Para cualquier persona es simplemente una sensación desagradable de que algo lastima. Es una vivencia subjetiva que todos aprendemos de la experiencia desde que nacemos y que no necesita de nadie que nos enseñe a conocerlo. Además, es invisible y no se lo puede medir (como la temperatura o la presión arterial).
Según su duración puede ser agudo, si dura poco tiempo, o crónico, si se extiende por mucho tiempo o se instala de manera permanente.

El dolor agudo -además de durar poco tiempo- casi siempre tiene una causa que se identifica con facilidad. Su origen está en el cuerpo y por diversas vías nerviosas llega la información al cerebro que lo registra y lo procesa. Este dolor tiene un papel fundamental como advertencia de peligro para el organismo, ya sea por causas mecánicas (una fractura), térmicas (por una quemadura) o químicas (artritis, gripe). Se alivia con analgésicos comunes y se supera en poco tiempo al desaparecer la lesión que los originó.
El dolor crónico, por el contrario, suele ser más complicado. La razón es que es un dolor que se independizó de la causa original que lo produjo y perdura cuando ésta ya desapareció. En este caso, regiones cerebrales que debían "apagarse" permanecen "encendidas", lo que provoca, dolor, insomnio y dificultad para tomar decisiones. En otras palabras, el dolor crónico activa y se origina en los circuitos cerebrales. Si esto sucede el dolor pierde su función primaria de advertencia y se transforma en una tortura. Por tal motivo, el dolor crónico resulta más difícil de tratar que el agudo, ya que se transformó en una enfermedad en sí misma y su origen anida en el cerebro. De ahí que no sean de utilidad los analgésicos o antiinflamatorios, requiriéndose psicofármacos que actúan sobre los centros del dolor del cerebro.
Existen diferencias entre las mujeres y los hombres. Entre las más notorias, las mujeres se recuperan más rápido del dolor, buscan ayuda precozmente, son más resistentes para tolerarlo, se quejan menos que los hombres y disponen de mejores habilidades para afrontarlo. En esta diferencia las hormonas son jugadoras de importancia: los estrógenos (hormonas femeninas) disminuyen el umbral al dolor por lo cual éste es reconocido con mayor rapidez y permite buscar recursos más rápido para su alivio. Por el contario, la testosterona (hormona masculina) eleva el umbral del dolor por lo cual el hombre lo siente menos y tarda más tiempo en poder resolverlo. El cortisol suele estar disminuido y la tiroides afectada.
El dolor es un trastorno universal del cual nadie está libre y un serio problema para quien lo padece, para quien acompaña y hasta para los médicos tratantes.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 24/7/11

 

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