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20/12/2012
¿Una Moderna Epidemia?
 
 
A medida que la investigación médica avanza y los métodos de diagnóstico se perfeccionan, nuevos conocimientos permiten la detección de enfermedades que antes se descubrían de manera tardía. Un ejemplo, es la más rápida detección de diversos cánceres. Vale la pregunta entonces ¿el cáncer existe en mayor frecuencia que antes o, en la actualidad, se lo detecta con mayor facilidad y precocidad? Probablemente se trate de esto último.

A medida que la investigación médica avanza y los métodos de diagnóstico se perfeccionan, nuevos conocimientos permiten la detección de enfermedades que antes se descubrían de manera tardía. Un ejemplo, es la más rápida detección de diversos cánceres. Vale la pregunta entonces ¿el cáncer existe en mayor frecuencia que antes o, en la actualidad, se lo detecta con mayor facilidad y precocidad? Probablemente se trate de esto último.
Con respecto a distintos trastornos del sistema nervioso sucede algo similar. Por ejemplo, en EEUU más de la mitad de la población tiene niveles bajos de serotonina, una sustancia química que se halla en cantidades importantes en el cerebro y que resulta fundamental para tener un buen estado de ánimo, controlar la impulsividad, modular el dolor, controlar la ingesta de alimentos, sostener una adecuada sexualidad, entre otras muchas funciones. Para muchos, este descubrimiento hace preguntarse si se trataría de una suerte de moderna epidemia ya que lo mismo se constata en diversos lugares del mundo. Un simple análisis de laboratorio permite hoy medir los niveles sanguíneos de esta sustancia.
Los motivos por los cuales resulta tan frecuente encontrar personas con este descenso apuntan a dos factores principales.
Uno de ellos es el estrés y el ritmo de vida actual, por el consecuente incremento de la incertidumbre, la competitividad, el menor tiempo para el descanso y para mantener vínculos personales satisfactorios, imprescindibles para una vida afectiva saludable. Sin duda, los avances de la civilización han sido y son enormes y beneficiosos pero no son gratuitos ya que todo tiene su costo. El estrés (que significa sobre carga) consume serotonina de manera marcada: es más rápido lo que se gasta que lo que se produce, razón por la cual el organismo entra en déficit. A su vez, esta disminución de los niveles en el cerebro (junto a otros cambios hormonales) disminuye los recursos para encarar satisfactoriamente las propias situaciones de estrés, generándose así un progresivo círculo vicioso que suele terminar en cuadros depresivos, ansiosos, de impulsividad, de disfunción sexual, dolores persistentes, ataques de pánico, etc.
El segundo factor con marcada influencia en su disminución es la alimentación actual. A diferencia de épocas pasadas, en la actualidad predomina la ingesta de alimentos que tienen mayor proporción de harinas y azúcares refinados. Una dieta de este tipo no sólo desbalancea lo que debería ser una dieta saludable sino que altera la absorción del triptófano, un aminoácido esencial (se llama así porque no lo fabrica el organismo sino que lo toma exclusivamente de alimentos que lo contienen) que es la materia prima imprescindible para que el cuerpo fabrique serotonina.
Conviene entonces ingerir alimentos ricos en triptófano: pescados, pollos, huevos, leche, calabaza, legumbres, verduras, nueces, soja y germen de trigo, entre otros. Estos alimentos contienen omega 3, zinc y magnesio que también son elementos imprescindibles para la fabricación de serotonina (además del triptófano).
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 19-8-12

 

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