Articulos
20/12/2012
El dolor Corporal y El Estado de Ánimo.
 
 
La relación directa e inequívoca que existe entre el cerebro, el estado de ánimo y ciertos dolores físicos, es una antigua presunción colectiva que en la actualidad confirman las investigaciones en el campo de la neurociencia.

La relación directa e inequívoca que existe entre el cerebro, el estado de ánimo y ciertos dolores físicos, es una antigua presunción colectiva que en la actualidad confirman las investigaciones en el campo de la neurociencia.
Muchas personas padecen frecuentes dolores de cabeza, de espalda, de cuello, de piernas, que no ceden ante tratamientos con analgésicos, antiinflamatorios, masajes o acupuntura. La explicación que habitualmente reciben estos pacientes, atribuyen la causa del malestar a “los nervios”.
Hoy, la neurociencia puede explicar que la vinculación entre lo anímico y lo físico se establece a través de un mecanismo neuroquímico del cerebro, llamado sistema opioide, que produce las endorfinas, sustancias que son como derivados del opio y de la morfina, pero producidos naturalmente por el cerebro.
El sistema opioide tiene dos funciones importantes: a) es un sistema de protección contra el dolor y b) es necesario para tener un buen estado de ánimo. Se ha descubierto con la tomografía por emisión de positrones -que mide los cambios químicos del cerebro- que cuando disminuye el funcionamiento de este sistema aparecen o se exacerban los dolores corporales y se producen “bajones” anímicos.
Para Jaak Panksepp, del Centro de Neurociencia, Mente y Comportamiento de la Universidad Bowling Green State, de EEUU, “El dolor físico y la tristeza en los humanos, comparten los mismos senderos neurológicos”. La investigación constató que una región cerebral –llamada corteza cingular anterior- se activa intensamente tanto cuando llega una señal de dolor desde el cuerpo, como cuando existen estados emocionales negativos.
Por lo tanto, no es lo mismo padecer un dolor de cabeza con un buen estado emocional que un dolor de cabeza con una fuerte carga de tensión. En este último caso, el dolor es mucho más intenso, persistente y rebelde a los tratamientos convencionales, ya que la zona cerebral mencionada está doblemente activada: por la vía del dolor físico y por la vía del estado emocional. En consecuencia, la “sensación térmica” del dolor es notoriamente mayor.
El hecho de que la misma zona se active, ya sea por un dolor físico o por un bajón emocional, es la razón por la que un dolor se siente con mayor intensidad cuando se está sometido a presiones emocionales displacenteras, o por el contrario, se pueda percibir como menor cuando la atención está capturada por cosas más urgentes o positivas.
Como consecuencia de las investigaciones mencionadas, se comprobó que los estados de estrés o de depresión producen una marcada desactivación del sistema opioide con la consecuente aparición de dolor. Y a su vez, el menor funcionamiento del sistema opioide desencadena estados de tristeza, ansiedad o desasosiego, produciéndose así un círculo vicioso de realimentación del problema dolor-estado de ánimo. “Pensar positivamente puede ser tan eficaz para aliviar el dolor como una inyección de morfina” ha confirmado Tetsuo Koyama, del Departamento de Neurobiología de la Universidad Wake Forest (EEUU).
El conocimiento de estas investigaciones permite comprender nuevos mecanismos subyacentes en la génesis del dolor, de tal forma que resulta posible encontrar recursos terapéuticos duales para resolver ambos mecanismos de manera simultánea.
Es así, que desde hace pocos meses se dispone en nuestro país de un medicamento que precisamente está indicado en todos aquellos casos que coexisten síntomas emocionales (como el humor triste y la pérdida de interés) con síntomas dolorosos (localizados particularmente en la espalda, abdomen, músculos o cabeza). Y, en especial, es de mayor utilidad para el tratamiento del dolor en pacientes diabéticos.
Como afirma Carlos Soria, presidente de la Asociación Argentina de Psicofarmacología: “Tradicionalmente, se asocia la depresión a la tristeza, pero la depresión posmoderna se ha corporizado, es cada vez más un trastorno del cuerpo”.

Para VIVA, para columna 16/10/05----------------------------------------------------------------
 

Notas Relacionadas con Articulos