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20/12/2012
Las Hormonas Como Psicofármacos
 
 
Los trastornos psicológicos y anímicos (depresiones, ataques de pánico, fatiga crónica, trastornos de ansiedad, etc.) conforman actualmente uno de los grupos de patologías con mayor incidencia en el mundo a la cual, por supuesto, no escapa nuestro país.

Los trastornos psicológicos y anímicos (depresiones, ataques de pánico, fatiga crónica, trastornos de ansiedad, etc.) conforman actualmente uno de los grupos de patologías con mayor incidencia en el mundo a la cual, por supuesto, no escapa nuestro país.
La mayoría de los pacientes reciben tratamientos a través de diversas psicoterapias, de psicofármacos o ambos recursos que cuando se utilizan de manera conjunta son los que muestran, a nivel estadístico, los mejores resultados.
Sin embargo, también es una realidad que muchos pacientes no mejoran y que los tratamientos se prolongan por mucho tiempo, sea por la naturaleza del trastorno que padecen, sea porque no respondan de manera satisfactoria a los psicofármacos que reciben, aun en dosis altas.
En estos casos se pueden usar otros medicamentos: las hormonas. Cada vez con mayor frecuencia los psiquiatras las incorporan a los tratamientos convencionales. Un ejemplo paradigmático son aquellas depresiones que no responden a diversos tipos de antidepresivos. ¿Qué se puede hacer en esos casos? Un recurso es agregar al tratamiento una hormona que fabrica la tiroides, llamada T3. Esta hormona tiene una marcada acción para que antidepresivos que no producían ningún efecto, empiecen a ejercer su acción. Es útil señalar que esto no implica que el paciente depresivo tenga algún trastorno en su glándula tiroides, sino que la T3 actúa como un mordiente que potencia y activa la acción de los antidepresivos, hasta ese entonces ineficaces. Además, la T3 actúa directamente sobre el cerebro y resulta fundamental para la acción de la serotonina.
Otra hormona, la DHEA-S, que normalmente produce nuestras glándulas suprarrenales tiene una participación para contrarestar los efectos del paso de los años y fortalecer el sistema inmunológico, ha demostrado que tiene una cierta acción contra la obesidad, lentifica el proceso de envejecimiento, estabiliza la acción de diversas sustancias químicas cerebrales para un mejor nivel de energía y activa la función de la memoria.
En otras palabras, las investigaciones que se realizan y los conocimientos que de ellas se desprenden, permiten afirmar que diversas hormonas actúan como “psicofármacos” o como ayudantes claves para que estos actúen con eficacia.
Lo mismo sucede en las mujeres con cuadros de depresión y de ansiedad en su etapa menopáusica, donde el agregado de ciertas hormonas (estrógenos, progestágenos, tibolona, etc.) tiene una clara acción para mejorar el estado de ánimo -además de intensificar la efectividad de los psicofármacos- porque también tienen marcados efectos positivos a nivel cerebral.
Para dar un último ejemplo (aunque el listado es más amplio) en los pacientes bipolares que pasan rápidamente de una fase depresiva a otra fase de aceleración o de euforia, se ha constatado que pueden tener elevados los niveles en la sangre de una hormona de la hipófisis, llamada TSH, cuyo valor se puede corregir con el agregado de otra hormona, la levotiroxina, estabilizando así los ciclos bipolares.
En resumen, los psiquiatras debemos tener presente que las hormonas tienen acciones similares a los psicofármacos y que, como en el caso de la consulta, su uso está plenamente justificado.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 4/8/10
 

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