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20/12/2012
Chantaje Emocional
 
 
El diccionario define al chantaje como cualquier tipo de presión o coacción que se efectúa sobre un individuo para conseguir un beneficio, amenazándolo con hacerle algo que lo pueda perjudicar.

El diccionario define al chantaje como cualquier tipo de presión o coacción que se efectúa sobre un individuo para conseguir un beneficio, amenazándolo con hacerle algo que lo pueda perjudicar.
Una de sus formas más frecuentes es el chantaje emocional, una táctica de manipulación muy poderosa en la cual una persona afectivamente cercana amenaza a otra, de manera directa o indirecta, con algún castigo si no se hace lo que ella quiere. Para eso usa la presión, la amenaza, la violencia o cualquier otro tipo de recurso para que el otro haga algo que no quiere hacer.
Este acto de violencia psicológica puede estar presente en todo tipo de relaciones humanas y ser un arma muy poderosa y destructiva.
Aunque con frecuencia exista una tendencia a creer que el chantajista emocional sea un hombre, en realidad puede ser de cualquier sexo y edad.
Susan Forward distingue cuatro tipos de chantajistas emocionales: 1) los castigadores, que consiguen lo que quieren por medio de la violencia y la agresividad; 2) los autocastigadores, donde las amenazas las vuelcan sobre ellos mismos enfatizando lo que harán si no se actúa como pretenden; 3) las víctimas, con expresiones como “Si no haces lo que yo quiero, voy a sufrir y mi sufrimiento será culpa tuya” o “Si por vos fuera, no te importaría nada si me muero”; y 4) los seductores, que alientan y prometen amor, dinero o una mejor posición laboral, lo cual ocurrirá siempre y cuando la persona se comporte como ellos quieren.
Es importante destacar que se trata de un vínculo enfermo donde tanto el chantajeado como el chantajista sufren, aunque de manera diferente. Así, el primero aguanta y cede a las pretensiones del otro con tal de “no pelear” y el segundo, por dejar a la vista que, en realidad, es una persona débil, inepta en su comportamiento, con una baja autoestima y sumamente insegura.
Cuando una persona chantajeada empieza a ceder a las pequeñas pretensiones del chantajista, comienza un circulo vicioso difícil de romper ya que ayuda a reforzar la conducta del que presiona para que lo haga en cosas más importantes, por lo cual quien se deja presionar entra en un circuito de miedo donde le es cada vez más difícil enfrentar al otro. Este miedo a una ruptura o crisis del vínculo interpersonal lo empuja a someterse, de manera continua y progresiva, a los deseos de la otra parte.
Por lo tanto, aunque la victima se prometa a si misma de que será la última vez y que no volverá a ceder a sus pretensiones, con frecuencia no lo puede lograr con el resultado de vivir en permanente conflicto o a resignarse a que el agresor sea el administrador de su vida.
Es muy común que el chantajista haya aprendido este estilo de funcionamiento de alguna figura familiar importante (padre, madre, abuelos, tíos, etc.) al ser testigo y comprobar que ese tipo de actitud “funcionaba”. Esto implica que puede ser, al igual que una infección, un mal contagioso.
Analía, además de iniciar terapia, no pierda de vista que debe hacerle frente a su madre con buenos argumentos, decisión y cariño. Pero, especialmente, implica que Ud. corte el cordón emocional que la hace dependiente de ella.
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E. Norberto Abdala, para la columna de VIVA del 26-9-10.


 

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