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20/12/2012
La Soledad, Enferma.
 
 
El hombre normal es un ser social y saciar la demanda de vínculos interpersonales resulta imprescindible para mantener una buena salud emocional y física. De hecho, estamos diseñados para no vivir solos: desde que nacemos necesitamos de nuestra familia, después de la escuela, del trabajo o de una pareja. Quien se siente solo se siente anímicamente asfixiado a diferencia de quien elije estar solo (en base a sus propios recursos internos) y demuestra así una mayor solidez emocional.

El hombre normal es un ser social y saciar la demanda de vínculos interpersonales resulta imprescindible para mantener una buena salud emocional y física. De hecho, estamos diseñados para no vivir solos: desde que nacemos necesitamos de nuestra familia, después de la escuela, del trabajo o de una pareja. Quien se siente solo se siente anímicamente asfixiado a diferencia de quien elije estar solo (en base a sus propios recursos internos) y demuestra así una mayor solidez emocional.
Al sentimiento de soledad siempre se lo considero como un posible síntoma de depresión, lo cual es cierto, pero esto no implica que toda persona que se sienta sola esté necesariamente deprimida, ya que pueden intervenir otras causas.
J. Holt-Lunstand es coautora de una investigación llevada a cabo en la Universidad de Brigham Young (Utah, EEUU) que incluyó el seguimiento de la salud de 300.000 personas durante 7 años. El objetivo fue evaluar si la soledad era o no un factor de riesgo sobre el estado de salud y de una posible mortalidad prematura.
Las conclusiones fueron sorprendentes: las personas con escasa interacción social o falta de amigos tenían un mayor riesgo de enfermedad y mortalidad que si hubieran tenido sobrepeso, fueran alcohólicas, fumaran 15 cigarrillos por día o no realizaran actividades físicas.
En definitiva, el tener sólidas relaciones personales resulta imprescindible para llevar una vida saludable. Por el contrario, el aislarese genera trastornos psicológicos, mala salud física y persistentes estado de ansiedad.
Pero ¿cómo se puede definir a la soledad? Seguramente de muchas maneras, pero una posible -por lo amplia- sería que es la dolorosa percepción de que se carecen de contactos emocionalmente significativos con los demás e implica el anhelo de ser querido o necesitado por alguien. Así, por ser una sensación subjetiva, una persona puede estar rodeada de gente e igual sentirse sola.
Con frecuencia, los jóvenes tienen esa vivencia de aislamiento por sus propias evaluaciones negativas de sus cuerpos, de su capacidad sexual, de su apariencia, de su conducta o de su funcionamiento. Sin embargo, es más prevalente y nociva en los adultos, especialmente después de ciertas situaciones (separación, viudez, jubilación, mudanzas, etc.).
Quien tiene poca confianza en sí mismo o ha tenido malas experiencias, le resultará difícil juntarse con otros. Es común que “elijan” la soledad o no puedan o quieran establecer nuevas amistades o vínculos sentimentales. Otros, por el contrario, deciden tener una actitud de sumisión a fin de recibir afectos y compañía.
En las consultas, los jóvenes solitarios con frecuencia mencionan relaciones perturbadoras con sus padres y amigos en la infancia, con rupturas en sus patrones de afecto, lo cual sugiere que la falta de vínculos de cariño y de aceptación en los primeros años de vida pueda contribuir a incorporar la posterior vivencia de una dolorosa soledad. Precisamente, detrás de todo lo que hacen, piensan o dicen muchas personas está el pánico a quedarse solos, aunque no se den cuenta y eligen aislarse.
Por lo tanto, es bueno no auto engañarse ya que -a la corta o a la larga- la soledad y el asilamiento enferman.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 12-6-11.
 


 

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