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20/12/2012
Aislamiento Adolescente
 
 
A pesar que lo normal en la adolescencia es tener y pertenecer a un grupo de pares, cada vez más aumenta más el número de jóvenes con un perfil caracterizado por evitar los contactos personales y conectarse -encerrados en sus habitaciones- con personas de un mundo exterior virtual. El aislamiento social es la más seria de las patologías de un adolescente y donde el joven se transforma en una suerte de ermitaño moderno. La comunicación y la relación entre los seres humanos resulta un elemento de vital importancia para la salud y, en consecuencia, el aislamiento es un síntoma de que algo no funciona bien.

A pesar que lo normal en la adolescencia es tener y pertenecer a un grupo de pares, cada vez más aumenta más el número de jóvenes con un perfil caracterizado por evitar los contactos personales y conectarse -encerrados en sus habitaciones- con personas de un mundo exterior virtual. El aislamiento social es la más seria de las patologías de un adolescente y donde el joven se transforma en una suerte de ermitaño moderno. La comunicación y la relación entre los seres humanos resulta un elemento de vital importancia para la salud y, en consecuencia, el aislamiento es un síntoma de que algo no funciona bien.
Sin duda, en estos últimos años la forma de comunicarse de los jóvenes es muy distinta a la de hace algunos años, cobrando prevalencia internet, el chat, sitios virtuales que favorecen un contacto intenso, a distancia, pero con poca traducción en vínculos reales y con pérdida del trato humano.

No se trata de jóvenes que son cerrados o introvertidos, sino de adolescentes que se aíslan, que rechazan tener que concurrir al colegio o es a los sumo lo máximo lo que hacen. Tienden a no salir y les interesa poco tener amigos.

De haber sido joviales, inteligentes y sociables mutan y están horas y horas en sus habitaciones. En general pertenecen –aunque no exclusivamente- a clases medias o altas con acceso a la tecnología, y que se recluyen para ver televisión, navegar por Internet, jugar en red, vivir de noche y dormir de día. La comunicación con padres y familiares desaparece, el aislamiento va ganando terreno progresivamente y se torna cada vez más difícil de franquearlo. Aunque la existencia de conflictos familiares puede agravar la situación no es la causa del problema.

En la adolescencia es normal que los jóvenes tiendan a tomar distancia de sus padres, pero este proceso de aislamiento es diferente e indica un conflicto psicológico más serio, que requiere de una consulta especializada.
Quienes se afligen y buscan ayuda -como en el caso de quien envía esta consulta- son siempre los padres ya que para los adolescentes no implica problema alguno e, incluso, no entienden la preocupación de sus progenitores. Rara vez aceptan recibir ayuda profesional y solo ocurre si caen en un episodio depresivo.
Dado que es un proceso lento y paulatino para los padres puede resultar difícil d entender y tienden a justificarlo alegando que el hijo es un poco introvertido y raro. Aunque se puedan generar discusiones por este encierro, es común - quizás por impotencia- que en los padres se instale más la queja y la protesta que la búsqueda de soluciones.
En algunos países este trastorno ya es una epidemia. El prototipo es el hikikomori, proceso de aislamiento total de los adolescentes japoneses que no pueden desenvolverse en el mundo real, que evitan su sexualidad, temen la violencia social y sólo viven encerrados y conectados a internet. En ellos, el suicidio es muy alto.
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E. Norberto Abdala, para VIVA.

 

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