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10/12/2012
Esterilidad y Cerebro
 
 
“Viajen y olviden el tema”, “Se tienen que relajar”, “No piensen tanto en embarazarse”, son algunas de las variadas y bien intencionadas opiniones que suele recibir la pareja que no logra el embarazo y, más aun, si no tienen hijos. Con frecuencia, las recomendaciones son dirigidas a la mujer dado que existe todavía un cierto preconcepto que la infertilidad o la esterilidad es patrimonio de la mujer más que del hombre (lo cual es incorrecto).

“Viajen y olviden el tema”, “Se tienen que relajar”, “No piensen tanto en embarazarse”, son algunas de las variadas y bien intencionadas opiniones que suele recibir la pareja que no logra el embarazo y, más aun, si no tienen hijos. Con frecuencia, las recomendaciones son dirigidas a la mujer dado que existe todavía un cierto preconcepto que la infertilidad o la esterilidad es patrimonio de la mujer más que del hombre (lo cual es incorrecto).
Infertilidad implica que la pareja no puede lograr o llevar a término un embarazo y tener un hijo resulta difícil pero no imposible; en cambio, esterilidad significa que la pareja nunca podrá concebirlos.
Un embarazo se alcanza si se combinan diversos factores: que el ovario produzca un óvulo adecuado, que haya buena calidad y cantidad de espermatozoides, y que, producida su unión, el óvulo ya fecundado se movilice a través de las trompas para implantarse en el útero. Si la pareja es sana y el sistema hormonal funciona adecuadamente, la concepción llegará a buen término.
Sin embargo, diversos factores pueden impedir alcanzar ese objetivo aun en parejas físicamente saludables. Entre ellos, a destacar, son los emocionales y los psicológicos, tales como la angustia (generada a veces por el propio deseo de embarazarse), las tensiones cotidianas, los bajones anímicos, las preocupaciones, el malhumor, un duelo, etc. Aunque no parezcan de envergadura suficiente pueden generar alteraciones que terminan afectando la fertilidad de la pareja.
A pesar de existir múltiples causas de infertilidad, es interesante destacar que en una misma región del cerebro existe y coincide tanto del control de los estados emocionales como de la regulación hormonal. Esta zona, llamada hipotálamo, es muy pequeña, pesa menos de 10 gramos y además es responsable del control de otras funciones vitales, como la regulación del hambre, de la sed, de la temperatura, etc.
El hipotálamo produce una hormona (llamada GnRH) cuya misión es actuar sobre la hipófisis para que esta fabrique, a su vez, otras dos hormonas propias y exclusivas (llamadas FSH y LH) y que, a través de la sangre, actúan a distancia sobre los ovarios y los testículos para que estos funcionen adecuadamente. Es como una autopista hormonal que comienza en el hipotálamo, pasa por la hipófisis y termina en los ovarios o testículos.
Este circuito es muy sensible y ya sea por alteraciones orgánicas como emocionales, puede ocasionar modificaciones de su funcionamiento cuya consecuencia final será la dificultad o la imposibilidad de lograr el embarazo.
Por lo tanto, en la actualidad no existen dudas que tanto el estrés (a través de las catecolaminas, la prolactina, el cortisol, la prolactina, entre otros) como diversos factores psicológicos, en uno o ambos miembros de la pareja, pueden provocar infertilidad. En consecuencia, toda pareja que aspire embarazarse no debe dejar de atender los factores psicológicos o emocionales, además de los estrictamente especializados en la fertilidad.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 16/9/12.

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