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10/12/2012
Abuso Infantil
 
 
El abuso infantil implica toda conducta sexual que ocurre entre un adulto y un menor, en una franca relación asimétrica y con existencia de coacción, ya sea implícita o explicita.

Aunque las estadísticas no son fiables, por que no siempre se conoce el hecho o se lo denuncia, los expertos estiman que en Argentina 1 de 4 mujeres y 1 de cada 6 varones son abusados en la infancia.

En general, en las niñas es frecuente que el abuso ocurra por miembros de la familia directa o parientes y en los varones lo es fuera del espacio familiar.

El concepto que diferencia el abuso de la agresión sexual es que en el primero predomina la seducción, la insistencia o el engaño y en el segundo, la violencia. Los niños abusados tienden a ocultar la situación y son muchas las familias que, si se enteran, le restan importancia al hecho o no le creen al menor por diversas razones. Una frecuente, por ejemplo, es defender a su pareja o al miembro de la familia denunciado por el niño. La consecuencia casi inevitable es, entonces, que el menor abusado no hable más del tema lo cual le ocasiona un perjuicio adicional al no sentirse contenido por quienes deben protegerlo.
Los motivos por la cuales el abuso, con suma asiduidad, permanezca oculto se pueden incluir dentro de 3 razones habituales:1) que la víctima con mucha frecuencia sienta culpa, miedo o vergüenza, 2) que el abusador casi siempre brinda una imagen de persona inofensiva, responsable o confiable (por ejemplo, ser un religioso o un profesional) y, 3) la actitud negadora de los adultos para creer, detectar cambios en los chicos y asumir la situación con realismo.
Las víctimas del abuso sufren consecuencias que son muy graves y devastadoras para su normal desarrollo psíquico y emocional y, más aun, si el causante es un miembro de la familia y el acto abusivo alcanza la penetración.
Los efectos nocivos pueden ocurrir en forma próxima o tardía. En el corto plazo es frecuente observar cambios de conducta y del estado de ánimo habitual, brusco y persistente disminución del rendimiento escolar, agresividad, enuresis, insomnio, pesadillas, trastornos de alimentación, apatía, tendencia a la introversión y juegos que suelen ser violentos.
Los efectos a largo plazo pueden ser muy variados pero son de destacar los trastornos en el desarrollo de la personalidad, severas perturbaciones sexuales, conductas adictivas o anti sociales y hasta la aparición de trastornos psicóticos o depresivos intensos que pueden llevar al suicidio. No deja de ser también un hecho de alta significación que casi una cuarta parte de quienes fueron abusados de niños, se vuelvan abusadores en la adultez.
En conclusión, las consecuencias sobre el desarrollo, reciente o futuro, de la vida emocional, afectiva, sexual y social del abusado son siempre muy graves. No es conveniente ni correcto aceptar el mito que el abusador es un bruto, delincuente o alcohólico de clase social baja. También existe en las “buenas familias”.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 2-12-12.

 

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