Articulos
10/12/2012
Sobre Los Psicofármacos
 
 
Nadie puede cuestionar el beneficio que significó el advenimiento de los psicofármacos en la década de 1950. Una de las mayores ventajas fue que pacientes internados de manera crónica en los manicomios de la época fueran pasibles, por la mejoría que producían los fármacos, de acceder a diversos tipos de psicoterapia, hasta entonces vedadas por su estado mental.

Sin embargo, tanto en la población general como en distintos especialistas (aun de salud mental) existen variadas opiniones sobre los psicofármacos: desde aquellos que los indican o utilizan de manera exclusiva e indiscriminada hasta otros que los denigran con cierto fanatismo ideológico. Por lo tanto, quizás sea útil plantear algunas consideraciones sobre los mismos.
La primera, es que no son remedios “mágicos” que resuelven el sufrimiento psíquico de una persona de manera inmediata y definitiva. Aceptar un criterio semejante puede generar el riesgo de abusar o depender de ellos con sus consecuentes peligros.
La segunda, es que no deben ser indicados como sustitutos para cuestiones que deberían ser tratadas prioritariamente con psicoterapia. A pesar de que el uso de un psicofármaco de ninguna manera interfiere con la necesidad ni motivación para la terapia, el grado de dolor o sufrimiento emocional puede ser de tal magnitud que se impone su utilización como alivio por el camino más rápido posible, sin que esto implique una fuga a la salud. Ciertos trastornos son tan severos que inhabilitan a la persona y lo sumen en un sufrimiento permanente, en deterioro funcional, en aislamiento afectivo y social o aparición de ideas suicidas. Sin los psicofármacos, personas en estas condiciones correrían serios riesgos ante un dolor psíquico que se torne insoportable.
En tercer lugar, los psicofármacos no deben impedir la capacidad individual para conectarse con aquellas emociones que alertan de que algo perjudicial está ocurriendo. Si los psicofármacos restaran importancia para encarar y resolver conflictos personales, familiares, laborales o vínculos inadecuados, podría afirmarse que resultan dañinos. Es decir, que un psicofármaco debe aliviar la angustia, el miedo o la depresión pero no alterar la capacidad de acceder a la conflictiva subyacente para encararla como corresponde.
En cuarto lugar, aunque muchas personas deben utilizarlos de manera constante (como quienes usan anteojos de manera permanente) los psicofármacos, en general, deber ser utilizados durante un lapso de tiempo prudencial.
En quinto lugar, se debe evitar la automedicación y el abuso ante la menor señal de ansiedad o tristeza y deben ser siempre indicados por un especialista.
En sexto lugar, los psicofármacos no son ni buenos ni malos medicamentos, sino que pueden ser bien o mal utilizados o bien o mal indicados por quien corresponda. Un tratamiento apropiado es el que combina el psicofármaco y la psicoterapia de manera adecuada. Un riesgo es considerar la existencia de solo una de estas opciones como válida.
…………………………………………..
E. Norberto Abdala, para VIVA del 23-9-12

 

Notas Relacionadas con Articulos