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10/12/2012
Exceso de Trabajo y Enfermedad
 
 
Competitividad y alta productividad son valores que la mayoría de las empresas actuales valoran positivamente en sus empleados y que también se imponen los profesionales independientes, bajo la creencia de que redundarán en una mejor posición laboral.

La sobrecarga horaria, sumada a la falta de horas de ocio y actividad física sostenidas en el tiempo, trae aparejada consecuencias serias en el estado de salud física y psíquica. Las enfermedades cardiovasculares son las más frecuentes en este tipo de personas, que a menudo descuidan también su dieta, por el hecho de no perder tiempo o no tomarse la pausa necesaria para desconectarse de la actividad laboral en la que están inmersos. Lo paradójico del asunto es que la mayor dedicación al trabajo no siempre redunda en un mayor rendimiento, sino que por el contrario, lo reducen.
Un estudio británico realizado recientemente comprobó que quienes tienen un horario laboral mayor a las 11 horas diarias tienen un riesgo 67% mayor de sufrir un trastorno cardíaco en comparación a quienes hacen 8 o menos horas. Otros síntomas frecuentes son gastritis, insomnio, hipertensión, síntomas obsesivo-compulsivos, ansiedad, irritabilidad y depresión. Existe una preocupación constante por el rendimiento laboral y la sensación continua de estar agobiado, de “no llegar”, de “no ser eficiente”.
Julio Moreno, prestigioso psicoanalista argentino (autor de “Ser Humano” y “Tiempo y Trauma, continuidades rotas”) aporta: “Lo que pasa es que la demanda laboral ha cambiado. Antes se buscaba que una persona estuviera trabajando, digamos 8 o 9 horas. Después y antes de esos horarios quedaba libre, podía usar su energía y su tiempo en lo que quisiera. Ahora, el control es otro, se basa en la consigna que los trabajadores produzcan cada vez más. Esto se suma a la inestabilidad, la competitividad y la posibilidad de producir desde cualquier lugar (por ejemplo desde sus hogares) vía notebooks u otros dispositivos. De modo que trabajan todo el tiempo aun sin que el jefe esté presente, auto-imponiéndoselo. Puede ser que no dejen de estar conectados todo el día y que se vea restringida su vida afectiva, familiar. Incluso su actividad amorosa.”
Moreno piensa que “hay quienes disfrutan trabajar mucho, y quienes ‘no pueden parar’ por ansiedad o por el temor de no haber hecho tal o cual cosa bien. Pero creo que hay que pensar que la problemática viene no tanto de los individuos en sí, sino de las condiciones laborales en las que los sistemas de control tienden a no ser reducidos a la antigua ficha que marcaba el horario de entrada y el de la salida del trabajo, cuando se trataba de cumplir con x horas y listo. Se trata de la presión que conlleva la idea de que corresponde siempre producir más. Esto se mezcla con la percepción angustiante del fantasma de que cada uno puede caerse del sistema al que pertenece si su producción no se considerada adecuada.”
Cuando esta dinámica se instala y genera sufrimiento es imprescindible la ayuda de un especialista.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 4-11-12.

 

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