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10/12/2012
La Depresión, Ayer y Hoy.
 
 
Hace 50 años la depresión no constituía un problema de envergadura salvo en el ámbito de los psiquiatras. En la actualidad, en cambio, es un trastorno tan extendido que la mayoría de los médicos de cualquier especialidad están acostumbrados a detectar pacientes con este padecimiento. Incluso, se observa en el lenguaje cotidiano: Prozac es hoy sinónimo de depresión como Kleenex de pañuelos de papel o Frigidraire lo era de heladeras. ¿Cómo y porque de este cambio? ¿En que medida denuncia variaciones de un estilo de vida diferente?

Hace 50 años la depresión no constituía un problema de envergadura salvo en el ámbito de los psiquiatras. En la actualidad, en cambio, es un trastorno tan extendido que la mayoría de los médicos de cualquier especialidad están acostumbrados a detectar pacientes con este padecimiento. Incluso, se observa en el lenguaje cotidiano: Prozac es hoy sinónimo de depresión como Kleenex de pañuelos de papel o Frigidraire lo era de heladeras.
¿Cómo y porque de este cambio? ¿En que medida denuncia variaciones de un estilo de vida diferente?
Quizás el éxito de la depresión dependa de que los modelos de gestión de las conductas sociales y las reglas de autoridad sobre a las normas grupales han sido remplazadas por estímulos para desarrollar competencias individuales a cualquier precio.
No solo es más frecuente sino que también cambió como se presenta la depresión. Los psiquiatras de antes veían pacientes tristes, llorosos, con sentimientos de culpa. En la actualidad, el psiquiatra observa personas agotadas, sin energía y en quienes predominan sentimientos de no ser suficientes y capaces para encarar los desafíos en sus actividades.
Julia Kristeva escribía no hace mucho (1987) “que la tristeza es el humor fundamental de la depresión”. Hoy, en cambio, los síntomas son la fatiga, el insomnio y la ansiedad, una tríada característica que hace sospechar la existencia de una depresión aunque el individuo no se sienta triste.
La depresión es la sensación de la impotencia de vivir, de cansancio, la dificultad para la acción, la falta de energía, el tiempo sin futuro, la vivencia de que “nada es posible” y estar como atascado entre lo necesario y lo posible.
Si las nociones de proyecto, de motivación o de comunicación son reglas en la sociedad actual el deprimido es el reverso exacto de esas reglas, al mismo tiempo que se van modificando los referentes sociales, las formas de compromiso público y se validan cualquier método de acción, aun sin códigos morales.
Si S. Freud afirmaba que “el hombre se vuelve neurótico por que no puede resistir el grado de renunciamiento exigido por la sociedad” podría afirmarse que, en la actualidad, termina deprimiéndose porque debe soportar la ilusión de que todo es posible pero inalcanzable.
Muchas personas deprimidas no se dan cuenta que lo están y se sorprenden cuando su médico le indica tomar un antidepresivo. Muchos síntomas (dolores corporales, cefaleas, trastornos gastrointestinales, cambios cardiovasculares, debilidad, entre otros muchos) pueden ser manifestaciones de depresión. Los médicos clínicos y generalistas avezados saben detectarlos ya que casi el 75% de quienes están deprimidos los consultan primero por los síntomas físicos. Estos profesionales sospechan ante cuadros con expresiones clínicas de difícil diagnóstico, donde no se pesquisa ninguna patología orgánica, no se explica la intensidad o la evolución y existe una historia de diversos tratamientos que no llevaron a la mejoría. Son pacientes considerados "difíciles" que recién después de muchas vueltas recalan en el psiquiatra.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 7/10/12.

 

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