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10/12/2012
Crisis Adolescente
 
 
“Nuestros jóvenes de hoy en día aman el lujo, tienen pésimos modales, desdeñan la autoridad, muestran muy poco respeto por sus superiores, pierden el tiempo yendo de un lado para otro y están siempre dispuestos a contradecir a sus padres y tiranizar a sus maestros”. Esta afirmación fue hecha por Sócrates, en el siglo IV a. C. Afirmación, que entre otras cosas, permite entender que desde siempre los adolescentes han tenido y tienen características particulares, independientes de su origen, sociedad de pertenencia o momento histórico en el cual les toca vivir.

“Nuestros jóvenes de hoy en día aman el lujo, tienen pésimos modales, desdeñan la autoridad, muestran muy poco respeto por sus superiores, pierden el tiempo yendo de un lado para otro y están siempre dispuestos a contradecir a sus padres y tiranizar a sus maestros”. Esta afirmación fue hecha por Sócrates, en el siglo IV a. C. Afirmación, que entre otras cosas, permite entender que desde siempre los adolescentes han tenido y tienen características particulares, independientes de su origen, sociedad de pertenencia o momento histórico en el cual les toca vivir.
La adolescencia es una etapa clave e inevitable en el crecimiento de toda persona, una importante transición entre la niñez y la adultez y el tiempo de elaboración de lo que llegará a ser la identidad definitiva. Implica un difícil trabajo psicológico simultáneo a los cambios cerebrales que se van sucediendo. Los jóvenes internamente experimentan una realidad difícil, que son los duelos por las pérdidas a los que los enfrenta ese crecimiento: del cuerpo de niños, de la protección paterna y materna que cambia de forma, de sus viejas necesidades y rutinas.
J. Kristeva (destacada escritora, filósofa y psicoanalista búlgara) define la adolescencia como una “enfermedad de idealidad” ya que los jóvenes necesitan creer, necesitan ideales que no siempre las sociedades modernas les provee. Esa búsqueda los afecta de manera dual: por un lado buscan modelos en los que confiar y, por otro, asisten con sorpresa a una propia transformación, que los confunde.
La suma de cambios mentales y cerebrales se traduce en un proceso que se conoce como la Crisis de la Adolescencia.
A esa edad el cerebro no completó aun su maduración definitiva, que recién se afirma pasados los 20 años, y sobre todo en las áreas responsables de realizar juicios racionales por lo que las emociones predominan a la hora de tomar decisiones. El motivo es que la región límbica (sede de lo emocional) prevalece sobre la corteza prefrontal (lugar donde se procesan y controlan las emociones y se toman decisiones racionales). Por otro lado, están muy activados los receptores donde actúa la dopamina, sustancia química que se vincula con las conductas impulsivas, desafiantes y riesgosas.
Las hormonas sexuales están en franco incremento, en especial, la testosterona en ambos sexos. La hormona melatonina también aumenta, lo cual permite explicar las excesivas horas que necesitan dormir y la tendencia noctánbula de sus hábitos ya que el ciclo de producción de esta hormona se haya modificado.
La rebeldía, la oposición, la terquedad, la independencia, el mal humor, la actitud anti autoridad, los cambios de estados de ánimo o lo inexplicable de ciertas conductas son lo observable de la suma de cambios psicológicos y orgánicos que no han finalizado aun de formarse.
Es importante saber que por sentirse vulnerables los adolescentes se muestran desafiantes, pero que precisan del amor y comprensión de los padres, a los que sin embargo expresan que “no necesitan”. Después llega, en general, la madurez.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 28-10-12.

 

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