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06/07/2012
Ansiedad
 
 
CONSECUENCIAS DE LA ANSIEDAD La ansiedad normal es una respuesta automática que se origina en la parte más primitiva de nuestro cerebro cuando reconoce la presencia de un peligro inminente. Su principal finalidad es evitar -a través del enfrentamiento o de la huída- toda situación que se considere de riesgo.

 CONSECUENCIAS DE LA ANSIEDAD


La ansiedad normal es una respuesta automática que se origina en la parte más primitiva de nuestro cerebro cuando reconoce la presencia de un peligro inminente. Su principal finalidad es evitar -a través del enfrentamiento o de la huída- toda situación que se considere de riesgo. Por la tanto, un cierto grado de ansiedad es bueno y necesario para la vida porque ayuda al desarrollo del organismo y de la personalidad.
Pero cuando pasa de un determinado nivel, se transforma en generadora de trastornos con una desagradable e incómoda sensación de aprehensión que se acompaña de diversos síntomas corporales como, por ejemplo, malestares digestivos, mareos, contracturas musculares, dolores de cabeza, aceleración del pulso, sequedad de boca, sudoración de manos y ligero temblor.
Sin embargo, la manera más frecuente en que se expresa es por una reiterada y frecuente preocupación por el futuro que se vive con aflicción. Conviene aquí recordar a Marck Twain, quien lo explicitó de manera notable cuando afirmó: “He pasado por cosas terribles en mi vida, algunas de las cuales en realidad sucedieron”.
Las preocupaciones son, precisamente, las formas más comunes en que se disfraza la ansiedad, algo así como un estilo habitual, en que cualquier situación es prevista por el individuo de la peor manera posible. Es muy frecuente que sufra mucho ante la posibilidad de “qué pasaría sí”, tendencia que no sólo se instala sino que puede empeorar con el paso del tiempo.
Quien padece de ansiedad siempre tiene alguna razón para vivir preocupado por algo, ya sea el precio de los alimentos, si olvidaron cerrar alguna puerta, si fracasarán las vacaciones por alguna causa imprevista, si algún olvido no será un Alzheimer incipiente o si la llegada tarde de un familiar no implica que haya sucedido algo grave.
Esta ansiedad solapada no solo provoca un malestar significativo en quien la padece sino que, también, suele afectar su relación de pareja, las familiares, sociales, laborales o de otras áreas de su vida.
En la actualidad, miles de personas la soportan pero la viven en silencio por desconocimiento, vergüenza o temor de expresarla. Se estima que el 79% de los argentinos tiene una preocupación permanente sobre distintas situaciones de la vida cotidiana y un 25% vive muy ansioso.
La ansiedad tiene diversos grados pero adquiere mayor seriedad en aquellos organismos que producen y liberan a la sangre adrenalina, noradrenalina y cortisol, hormonas que si se producen de manera intensa y prolongada, resultan dañinas para el organismo. A nivel físico, se expresa con persistentes dolores de cabeza, úlceras gástricas, caída de cabello, cansancio frecuente, colon irritable, enfermedades cardiovasculares o infecciones reiteradas por disminución de las defensas.
A nivel psicológico, la ansiedad adquiere diferentes máscaras que los especialistas titulan como Trastorno de Ansiedad Generalizada, Ataques de pánico, Trastorno obsesivo-compulsivo, Fobias o Trastorno de estrés postraumático, según sea la forma en que se expresan.
Siempre la ansiedad puede y debe ser tratada ya que en la actualidad existen recursos eficientes para un tratamiento eficaz.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 28-8-11

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