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06/07/2012
Andropausia
 
 
ANDROPAUSIA Mientras que los cambios hormonales de la menopausia en la mujer generan síntomas muy evidentes, las modificaciones hormonales en los hombres se producen de manera más solapada, lenta y progresiva. La andropenia es la menor producción de testosterona, la principal hormona masculina, comienza a partir de los 45 a 50 años y luego progresa a un ritmo de un 1% a 2% por año.

 ANDROPAUSIA

Mientras que los cambios hormonales de la menopausia en la mujer generan síntomas muy evidentes, las modificaciones hormonales en los hombres se producen de manera más solapada, lenta y progresiva.

La andropenia es la menor producción de testosterona, la principal hormona masculina, comienza a partir de los 45 a 50 años y luego progresa a un ritmo de un 1% a 2% por año. Diversos factores individuales determinan que difiera la repercusión que tendrá entre los hombres, ya sea por su propia capacidad fisiológica o por causas externas, tales como el estrés, la ingesta de diversos medicamentos, la presencia de diabetes, sobrepeso, consumo excesivo de alcohol, hipertensión u otros factores que comprometan la producción de testosterona. Es decir, que aunque la disminución de testosterona afecta inevitablemente a todos los hombres, en algunos tendrá una mínima incidencia mientras que en otros, podrá ser moderada o severa. Distintas estadísticas coinciden que en 3 de cada 10 hombres, en las edades mencionadas, la disminución de esta hormona es lo suficientemente significativa como para producir síntomas. Entre los más destacados figuran la disminución del deseo sexual, menor capacidad de erección, alteraciones del ánimo (“depre”, inquietud o malhumor), cansancio, somnolencia, falta de concentración y menor rendimiento intelectual. A nivel físico, reducción de la masa y fuerza muscular, aumento de la grasa abdominal y disminución de la densidad de calcio en los huesos.
Un dato que todo médico conoce es que el hombre es renuente a explicitar sus dificultades sexuales en la consulta por lo que, con frecuencia, se confunde y atribuye a un posible cuadro depresivo. Con el agravante de que si se le indican antidepresivos, la mayoría de ellos afecta “per se” las funciones sexuales ya que atenúan la libido, disminuyen la capacidad de erección y retardan o impiden la eyaculación. Es decir, un diagnóstico incorrecto de depresión puede determinar que resulte peor el remedio que la enfermedad.
En Canadá, un grupo de investigadores confeccionaron un sencillo cuestionario para la población masculina a fin de orientar si determinados síntomas podrían o no relacionarse con una menor producción de testosterona. Son 10 preguntas y muy sencillas de responder:
1) ¿Siente menor deseo o impulso sexual?
2) ¿Se siente con menor energía física?
3) ¿Percibe menos fuerza muscular o menor resistencia al esfuerzo?
4) ¿Notó cierta disminución en su estatura?
5) ¿Disfruta o no de su vida como antes?
6) ¿Tiene mal humor, tristeza o ambas cosas juntas?
7) ¿Sus erecciones son menos intensas?
8) ¿Disminuyó su capacidad para hacer ejercicios o deportes últimamente?
9) ¿Siente somnolencia después de comer?
10) ¿El desempeño en su actividad laboral ha mermado?

Las respuestas afirmativas en las preguntas 1 y 7, o bien, en tres o más de las restantes preguntas, indican una posible disminución en la producción de testosterona, que un sencillo análisis de sangre permitirá o no precisar si de esto se trata.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 4/9/11.

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