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10/06/2012
Tiroides, un mal oculto. 22-1-06
 
 
Los trastornos hormonales producen manifestaciones emocionales que, muchas veces, alcanzan una marcada trascendencia, y ocasionan que algún paciente termine en un psiquiatra, cuando el problema pasa por otro lado. Y dentro del campo hormonal, se destaca en importancia la glándula tiroides.
Los trastornos hormonales producen manifestaciones emocionales que, muchas veces, alcanzan una marcada trascendencia, y ocasionan que algún paciente termine en un psiquiatra, cuando el problema pasa por otro lado. Y dentro del campo hormonal, se destaca en importancia la glándula tiroides.
La tiroides está ubicada en el cuello, bajo la nuez de Adán, tiene forma de mariposa y mide unos cinco centímetros de diámetro. Produce sus hormonas (llamadas T3 y T4) a partir de una materia prima fundamental, que es el yodo: si no hay yodo suficiente en la dieta no hay posibilidad de fabricar hormonas tiroideas en cantidades adecuadas. En nuestro país, la  zona de los Andes es escasa en este mineral, por lo que es necesario el uso de sal yodada para evitar problemas de salud.
A su vez, la tiroides está regulada por otra glándula, la hipófisis, a través de una hormona que ésta fabrica (la TSH) y que es el termostato que activa o frena la actividad de la tiroides. Es un mecanismo muy simple y preciso, como un subibaja: si el nivel de las hormonas de la tiroides baja, la hipófisis lo detecta y aumenta la producción de TSH para estimular a la tiroides a que produzca más hormonas; a la inversa, cuando los niveles de T3 y T4 son elevados, la hipófisis se frena, baja la producción de TSH y la tiroides ralentiza su actividad. 
El hipotiroidismo es el cuadro que se origina al existir un déficit de hormonas tiroideas y que afecta en especial a las mujeres, el grupo más vulnerable, con síntomas casi idénticos a los de la depresión: cansancio, ánimo depresivo, somnolencia, fatiga, intolerancia al frío, aumento de peso, constipación, dolor de cabeza, pérdida de memoria, falta de concentración, calambres, alteraciones menstruales e infertilidad. Por la similitud en los síntomas muchas mujeres son tratadas como portadoras de un cuadro de depresión cuando, en realidad, la causa radica en un perezoso funcionamiento de la tiroides. La piel suele estar muy seca y pálida. El cabello, las pestañas, las cejas y el vello corporal se vuelven secos, frágiles y tienden a caer. Las uñas se tornan quebradizas y crecen lentamente.
La causa más frecuente de hipotiroidismo es la enfermedad de Hashimoto, una inflamación de la tiroides, (que Hakaru Hashimoto describió en 1912), generada porque el organismo no reconoce a la tiroides como propia, y la ataca como si fuera un agente extraño. Es común que el hipotiroidismo se presente entre miembros de una misma familia debido a un factor genético que hace a sus integrantes más susceptibles a las enfermedades autoinmunes.
Un dato reciente y de suma importancia es que las hormonas tiroideas actúan sobre el cerebro y aumentan la producción de serotonina una sustancia imprescindible para disponer de un buen estado de ánimo. En otras palabras, las hormonas de la tiroides actúan como un antidepresivo natural. Tan importante y necesaria es esta acción, que es habitual que los psiquiatras incorporen las hormonas tiroideas al tratamiento con antidepresivos (aunque no exista un problema de tiroides) en los pacientes que no responden al tratamiento, a fin de obtener una mejor respuesta. Esto se basa en las estadísticas mundiales: es común que los pacientes depresivos que no responden al tratamiento antidepresivo o que tienen frecuentes recaídas, padezcan de hipotiroidismo hasta en un 52% de los casos.
Esta íntima relación existente entre los síntomas de depresión y el estado de la tiroides es lo que determina que resulte imprescindible recurrir a exámenes de laboratorio para realizar una correcta diferenciación entre ambos trastornos. Todo paciente con síntomas depresivos requiere, en consecuencia, ser estudiado de manera minuciosa. La frecuente práctica de indicar un antidepresivo a “ojo de buen cubero” y de entrada, no es en realidad una experiencia prolija. En Medicina el mejor tratamiento comienza, siempre, con un preciso diagnóstico.
 
 
 
 
 
 
 
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