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08/01/2006
Drogas de diseño 8-1-06
 
 
Las drogas de diseño, también llamadas de síntesis, se elaboran fácilmente, al por mayor y en laboratorios clandestinos. Son más baratas que la cocaína (una dosis tiene el mismo costo que dos entradas de cine) y se usan con facilidad, ya que se presentan en comprimidos de pequeño tamaño, lo que permite ingerirlos sobre la marcha y seguir disfrutando de la fiesta y el baile sin interrupción.

 Una parte importante del programa veraniego entre los jóvenes es asistir a discotecas en las que ingerir alcohol, cocaína y, especialmente, las llamadas drogas de diseño o éxtasis es algo habitual. 

Los expertos llaman la atención sobre el cambio en los patrones de consumo entre los adolescentes, que están convencidos de la inocuidad de estas últimas substancias a las que  perciben como “drogas seguras”. Piensan que por tomarlas en forma esporádica (fines de semana y vacaciones) no son consumidores de drogas y menos aún, que implica algún riesgo para la salud. Esto es fruto de que  la percepción respecto a las drogas ha cambiado (ya no es más algo ligado a la marginalidad y a la delincuencia) lo que ha contribuido a que la sensación de peligro sea actualmente mucho menor y el consumo sea algo casi natural. 
Lamentablemente quienes piensan así se equivocan: cerca del 70% de los consumidores de éxtasis acaban con trastornos psiquiátricos (ataques de pánico, delirios, depresión) y alteraciones neurológicas (temblor, convulsiones), a veces irreversibles, desde las primeras veces que lo prueban. 
Las drogas de diseño, también llamadas de síntesis, se elaboran fácilmente, al por mayor y en laboratorios clandestinos. Son más baratas que la cocaína (una dosis tiene el mismo costo que dos entradas de cine) y se usan con facilidad, ya que se presentan en comprimidos de pequeño tamaño, lo que permite ingerirlos sobre la marcha y seguir disfrutando de la fiesta y el baile sin interrupción. El marketing que rodea a estas drogas como elemento de enganche es importante, de ahí los cambios continuos de formato, colores, nombres, etc. El éxtasis estructuralmente está emparentado con un estimulante, la anfetamina, y con un alucinógeno, la mescalina. Como la primera tiene un efecto estimulante, es adictiva y resulta tóxica para el sistema nervioso central. Se le atribuyen dos propiedades: la entactógena (aumento de la propia sensibilidad y de la autopercepción) y la empatógena (aumento de la comunicación social). 
Debido a que el éxtasis puede interferir con su propio metabolismo (o sea, su propia digestión en el cuerpo), alcanza niveles dañinos si se usa en forma repetida durante intervalos cortos de tiempo.
Los riesgos son similares a los de la cocaína, incluyendo aumento de la frecuencia cardiaca y la presión arterial (lo que es especialmente riesgoso en personas con trastornos circulatorios o cardíacos), así como otros síntomas: tensión muscular, nausea, visión borrosa, desmayo, escalofríos y transpiración. Una acción típica es que produce mucha sed, por lo cual es muy común observar a los jóvenes ingiriendo grandes cantidades de agua en las discotecas, líquido que tiene un costo económico muy significativo en esos lugares.
Todo ello sin contar con que muchos accidentes de tráfico, agresiones sexuales y hepatitis agudas en los jóvenes también suelen estar relacionadas con el abuso de las drogas, aunque no se asocien desde un primer momento con este hecho.
Un aspecto a destacar es que actualmente existe mucha información disponible, sobre todo en internet, respecto de como el propio usuario puede manejar los síntomas de un “mal viaje”, qué dosis puede resultar la más adecuada, qué añadir para potenciar el efecto y que hacer para evitar consultar al médico en caso de intoxicación, algo que en estos casos los jóvenes suelen evitar para no quedar en evidencia por el consumo.
En esta época los adolescentes, en algunos aspectos parecen madurar precozmente (salidas nocturnas, inicio sexual, contacto con drogas, etc.) pero, por otro lado, son inmaduros y sus primeros contactos con el mundo real (entendiendo como tal el trabajo, la independencia del hogar paterno, la responsabilidad familiar) surgen recién a partir de los 25 o 26 años. Esto, sin duda,  resulta muy desparejo y tardío en relación a las drogas ya que la edad de inicio promedio ronda los 13 años.
 
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