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10/06/2012
Pánico de ataque 11-12-05
 
 
Buena parte de los profesionales de la salud sostienen que el ataque de pánico (AP) es el trastorno característico de nuestro tiempo ya que la vida actual sirve como un apropiado caldo de cultivo para su desarrollo, que se ve potenciado por un clima general de inseguridad.

 Buena parte de los profesionales de la salud sostienen que el ataque de pánico (AP) es el trastorno característico de nuestro tiempo ya que la vida actual sirve como un apropiado  caldo de cultivo para su desarrollo, que se ve potenciado por un clima general de inseguridad. Para otros, en cambio, se trataría de un antiguo cuadro ya descripto por S. Freud, en 1895, con el nombre de crisis de angustia. La palabra “pánico” evoca a Pan, dios de los pastores, quien con su rugido aterrorizaba y hacía huir a quienes intentaban acercarse a los rebaños.

Las personas que sufren AP señalan que “aparece de golpe”, “sin aviso previo”, “no tiene explicación ni lógica” y “aparece cuando uno no lo espera”. Esto último hace que quien lo padece no pueda establecer ninguna defensa para hacerle frente. Aunque da lugar a sensaciones devastadoras, no comporta un peligro real para la vida. Como en Juan, los síntomas más elocuentes y penosos son palpitaciones, dolor de pecho, sensación de ahogo, miedo a morir, terror, vértigo, hormigueo en manos y pies, ráfagas de calor y escalofríos con sudor.
El AP se desencadena sin motivo aparente. Sin embargo, son frecuentes los antecedentes de estrés acumulado en los meses anteriores a la primera crisis, ya sea por casamiento, divorcio, mudanzas, muerte de un ser querido, dificultades económicas, enfermedades, etc. En general, las situaciones mencionadas son enfrentadas con eficacia, pero con esfuerzo y un alto costo emocional, del cual muchas veces el individuo no tiene registro. La crisis aparece tiempo después cuando muchas veces los problemas ya pasaron, siendo esa la razón por la cual quien lo padece no lo relaciona con algún hecho cercano. Las personas propensas tienen algunos rasgos comunes de personalidad: necesidad de aprobación y dependencia, un pensamiento estricto, autoexigencias elevadas y un marcado control de sus sentimientos.
Cuando las crisis se repiten el individuo deja de ser el que era antes: se vuelve temeroso, inseguro, evita estar solo y los lugares donde ocurrieron los ataques o donde se pueda sentir desamparado (agorafobia). Y, en especial, tiene mucho miedo al miedo, es decir, a la inesperada repetición de las crisis. 
 Pero ¿de dónde surge el miedo? “Del interior”, decía Freud: “el sujeto entra en pánico cuando se proclama que el trono y el altar peligran”. Se refería a los valores, necesidades o ideales que cada persona aprecie: puede ser un vínculo, una necesidad, una situación que se considera imprescindible y la posibilidad de perderla, aterra. La persistencia en el adulto de la ansiedad de separación de la infancia, es un factor predisponente de particular importancia.
Actualmente se considera que el AP es un trastorno psicobiológico, es decir, resultado de la interacción de factores psicológicos y neurobiológicos. En quienes lo padecen, el normal sistema de alarma cerebral está muy hipersensible como consecuencia de la tensión psicológica acumulada, produciendo importantes descargas de adrenalina, noradrenalina y cortisol, sustancias que anulan el sistema cerebral de bloqueo del miedo (el sistema GABA) y disparan las crisis de pánico. 
El tratamiento, en consecuencia, debe ser integral y abordar los factores emocionales, hormonales y neuroquímicos que intervienen en su génesis.
 
 
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