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10/06/2012
El trabajo no siempre es salud. 12-2-12
 
 
El trabajo es salud pero, a veces, no resulta tan saludable si los trabajadores efectúan trabajos nocturnos o en turnos rotativos, número que es considerable en los países industrializados y tiende a aumentar progresivamente desde los últimos 30 años.

 El trabajo es salud y desde siempre el mercado laboral dirige los actos del hombre, señala sus actividades y distribuye su tiempo y energía.

Pero, a veces, no resulta tan saludable si los trabajadores efectúan trabajos nocturnos o en turnos rotativos, número que  es considerable en los países industrializados y tiende a aumentar progresivamente desde los últimos 30 años.
El ser humano y su biología son básicamente diurnos, por lo que el organismo está  programado para trabajar de día y descansar de noche. En consecuencia, todo horario que obligue al trabajador a estar despierto hasta muy entrada la noche o durante la noche, trastornará inevitablemente su reloj biológico.
 
Los cambios de los normales ritmos del organismo pueden  generar enfermedades por esta disrupción horaria, con alteración de patrones socio-temporales, cambios de comportamiento y daños en la salud. Lo más afectado es el ciclo sueño/vigilia con consecuencias como fatiga, alteraciones cognitivas, ansiedad y depresión. Se puede sumar la aparición de trastornos gastrointestinales, cardiovasculares y mayor incidencia de cáncer de colon y de mama. 
Las mujeres embarazadas que trabajan en los horarios mencionados pueden sufrir aumentos de partos prematuros, abortos espontáneos y recién nacidos con bajo peso. También las mujeres son mucho más propensas a tener períodos menstruales irregulares, más que aquellas con horarios laborales diurnos, lo que altera su capacidad de fertilidad. 
En el 2007, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, dependiente de la OMS, clasificó al trabajo rotativo como un potencial factor cancerígeno. Como consecuencia, el National Board Industrial Injuries de Dinamarca fue la primera entidad gubernamental en reconocer al cáncer de mama como enfermedad laboral, indemnizando a mujeres que lo desarrollaron trabajando en turnos nocturnos.
Pero el daño no sólo se da a nivel corporal, sino también a nivel social ya que al dormir de día porque se trabaja de noche (a la inversa de la mayoría de las personas) el individuo queda marginado en sus vínculos sociales y familiares. En la sociedad las actividades de la vida cotidiana están organizadas para realizarlas durante el día (ir al banco, al médico, realizar compras, hacer deportes, hacer trámites administrativos, comer en familia, etc., etc.).
 
Las consecuencias las resume la Nat. Rew. Neuroscience (año 2005) así:
1) Sobre la salud emocional: estrés, ansiedad, depresión, disminución de la alerta.
2) A nivel cardiovascular: 40% de padecer angina de pecho, infarto de miocardio, hipertensión.
3) Efectos cerebrales: pérdida de sueño, reducción del sueño REM, reducción del tamaño cerebral.
4) Disrupción de los ritmos biológicos: alteraciones en la secreción de hormonas, en los ritmos de la temperatura corporal, en el ciclo menstrual, en la frecuencia respiratoria, en la división celular.
5) A nivel de la reproducción: abortos espontáneos, aumento de partos prematuros y bajo peso del recién nacido.
6) Riesgo de cáncer: de mama y de colon.
 
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