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10/06/2012
La impulsividad o la reacción sin demora. 27-11-05
 
 
La impulsividad influye sobre las emociones y pensamientos y mueve sus hilos en la sombra de las conductas problemáticas y peligrosas. Y puede llegar a ser muy destructiva ya que las personas que la padecen toman decisiones importantes sin pensar, muchas veces, en sus consecuencias.

 Las reacciones impulsivas y agresivas son tan antiguas como el hombre y podrían rastrearse a través de la historia, pero el aumento de su frecuencia  en la sociedad contemporánea se ha convertido en uno de los problemas sociales más acuciantes que aún no ha podido ser controlado de manera satisfactoria. 

La impulsividad influye sobre las emociones y pensamientos y mueve sus hilos en la sombra de las conductas problemáticas y peligrosas. Y puede llegar a ser muy destructiva ya que las personas que la padecen toman decisiones importantes sin pensar, muchas veces, en sus consecuencias. Así, por ejemplo, pueden renunciar repentinamente a un trabajo, involucrarse en  actividades sin medir sus alcances o comprometerse en proyectos sin considerar el tiempo o los recursos con que cuentan. Incluso embarcarse en vínculos que luego no pueden sostener o realizar compras sin medir sus posibilidades económicas, o ingerir alcohol o alimentos en forma desmedida.  La impulsividad termina generando resultados de gran ineficiencia, desorganización y perjuicios de diverso orden. 
Las personas impulsivas presentan ciertos rasgos comunes, cuatro  de ellos son característicos. El primero, la tendencia a actuar sin pensar, lo opuesto de lo que se considera una actitud psicológicamente madura, que implica primero pensar y después actuar. El segundo rasgo, es la presencia de una velocidad incrementada en la respuesta, lo que entraña una reacción rápida, acelerada e inmediata, sin la pausa necesaria para la reflexión. El tercero, la impaciencia, fruto de una necesidad que no admite ni demora ni postergación, tiene que “ser ya mismo”. Y, finalmente, poca tolerancia a la frustración, es decir, una pobre capacidad para aceptar que no se puedan llegar a concretar ciertos deseos, de manera similar a la conducta del niño que protesta ante la negativa a una necesidad.
Entre los desórdenes en los que el síntoma esencial es la impulsividad, figura el trastorno explosivo intermitente que se caracteriza por episodios frecuentes de agresividad (verbal o física) intensos y desproporcionados con respecto al acontecimiento precipitante.
El individuo impulsivo sufre porque es conciente de que no tiene el comando de su propia acción y no puede dirigirla por sus propios medios. Observa que la acción impulsiva no le sirve, no le ayuda, no lo hace progresar y, sobre todo, le causa importantes inconvenientes. Se siente víctima de las reacciones que no maneja.
El origen de la impulsividad es multifactorial, es decir, que es resultado del entretejido de diversas causas. Una de ellas con raíces en la infancia, proviene de traumas, complejos y conflictos no resueltos que quedan archivados en el inconsciente, y dominan la conducta adulta aunque la persona desconozca o no reconozca las causas en su pasado. Otra, es consecuencia de un aprendizaje según las experiencias vividas, y en que la impulsividad surge como una respuesta de adaptación frente a los estímulos que se recibieron del ambiente familiar y social. 
También la química ha hecho sus aportes al comprobar que en las personas impulsivas se hallan alterados, en las plaquetas de la sangre, los niveles normales de la MAO, una enzima implicada en la degradación de los principales neurotransmisores cerebrales. Asimismo, se ha constatado que los niveles bajos de colesterol inducen reacciones impulsivas, así como los cambios hormonales, en especial, la testosterona. Los conocimientos señalados son los que determinan que en la actualidad el tratamiento adecuado sea aquel que, precisamente, considera tanto los factores psicológicos como neurobiológicos participantes. Así es que con una psicoterapia adecuada se intentan desactivar los vectores psicológicos generadores de la conducta impulsiva y con diversas estrategias farmacológicas se puede  frenar uno de los aspectos esenciales del impulso, que es la tendencia a su descarga urgente e inmediata.
 
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