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30/10/2005
Nuevos descubrimientos en la depresión.
 
 
¿Tiene el estado de ánimo, el interés y la vitalidad algún fundamento en la química o con la estructura del cerebro? Hace unos años atrás la pregunta hubiera parecido un sacrilegio. Hoy, sin embargo, ya hay pocas dudas sobre la relación existente entre la actividad cerebral y los estados de ánimo.

 María (38 años, arquitecta, casada, 2 hijos) últimamente se siente extraña. Sus amigas también lo notaron. Inés se sorprendió cuando María rechazó su invitación para ir de compras el sábado anterior. En realidad, siempre le ha gustado hacerlo pero, simplemente, no tenía ganas. Y aunque siempre fue coqueta, le cuesta ocuparse de su arreglo ya que está desmotivada.

En cambio, pasó gran parte del sábado durmiendo, mientras Juan llevó los chicos a pasear. Quedarse en su casa más de lo habitual no es el único cambio en María. Siempre fue muy buena profesional, pero en los últimos meses su trabajo ha perdido calidad y tiene problemas para concentrarse. Incluso, aún no terminó un proyecto importante que debía entregar hace ya dos semanas. Empezar el día resulta muy difícil. 
Cuando regresa a su casa  para la hora de la cena, si bien hace un esfuerzo para comer algo con su familia, no tiene demasiado apetito y nada parece tener el sabor de antes. Después de cenar, María va a su habitación, se acuesta y ve algún programa superficial por televisión. Ni siquiera tiene ánimo para estar con los chicos y menos de hablar por teléfono con su madre. Se alivia al pensar que pronto estará dormida.
María, además de su estado anímico, acarrea síntomas físicos (problemas de sueño, dolores, cansancio) y nota que su memoria y su pensamiento están lentos. Siente ansiedad y temor sin entender el motivo, junto a  la sensación íntima de no valer nada, de no ser querida y de no poder querer como quisiera.
Cuando su marido le pregunta qué le pasa, María siente ganas de llorar pero no sabe por qué. Aunque no ha ocurrido nada malo en particular, simplemente se siente apenada todo el tiempo y no se puede liberar de ese sentimiento. María quizá no sea consciente de esto todavía, pero está deprimida.
¿Tiene el interés y la vitalidad algún fundamento en la química o con la estructura del cerebro? Hace unos años atrás la pregunta hubiera parecido un sacrilegio. Hoy, sin embargo, ya hay pocas dudas sobre la relación existente entre la actividad cerebral y los estados de ánimo.
La resonancia magnética nuclear de cerebro ha proporcionado datos recientes de gran valor. El hipocampo, primera estación de tránsito en las vías de la memoria, aparece en las personas deprimidas reducido de tamaño, si se lo compara con el de las personas sanas. 
Si se observaran las neuronas del hipocampo de María con un microscopio, se apreciarían cambios estructurales. Si la neurona normal pudiera compararse con un árbol en pleno verano, con su follaje a pleno, la neurona del hipocampo deprimido, parecería un árbol en invierno. Las dendritas, ramas de la neurona (que serían como las ramas del árbol) están mucho más cortas, con menos ramificaciones y con escaso número de hojas.
Los fármacos antidepresivos revierten muchos de los cambios químicos cerebrales asociados a la depresión. Ya desde hace años, se sabe que elevan los niveles de los neurotransmisores cerebrales (serotonina, dopamina, etc.) que están disminuidos en las personas deprimidas, como se constata con los análisis de laboratorio que se hacen en estos casos. 
 Lo novedoso es que hace muy poco tiempo se descubrió también que los antidepresivos  aumentan los niveles de neurotrofinas, sustancias que fabrica en condiciones normales el cerebro y que estimulan su propio desarrollo y crecimiento. Por ejemplo, una importante neurotrofina (que se llama BDNF por sus siglas en inglés) está disminuida en los pacientes con depresión y se recupera cuando se recibe el antidepresivo adecuado. ¿Qué hacen básicamente las neurotrofinas? Transforman el desolado árbol invernal para que recupere su aspecto primaveral, es decir, estimulan el crecimiento de las neuronas, el de sus ramas y de sus hojas. Es por esta razón que la investigación de los laboratorios apunta ahora, para el tratamiento de la depresión, a desarrollar fármacos que funcionen como neurotrofinas.
 
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