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30/03/2014
EL DUELO
 
 
El duelo es un dolor universal que se siente a cualquier edad. Lo padecen niños, adolescentes, adultos, mayores, sin distinguir sexo ni nacionalidad y a diferencia de otras dolencias emocionales, todos lo reconocen y aceptan. Lo caracteriza tener una causa evidente que lo produce, un comienzo preciso, un curso razonablemente predecible, finalizar en algún momento indefinido y el tratamiento (si fuera necesario) no suele ser muy prolongado. Es la reacción más humana que siempre existe ante una pérdida que resulte significativa (sea una persona, un animal, un trabajo, una relación, un cambio de lugar, una desilusión, etc.) y el duelo es, precisamente, el proceso de adaptación a esa nueva situación ante lo perdido. Obviamente, la pérdida más dolorosa es la de un ser querido. A veces, el duelo comienza con anticipación a la pérdida, por ejemplo, si se sabe que alguien morirá en poco tiempo.

 Tradicionalmente se describen cuatro etapas del duelo: de impacto inicial (no
se siente nada o existe un fuerte shock emocional), de sufrimiento (síntomas
persistentes similares a una depresión), de adaptación (reconoce que su vida
ha cambiado y se acomoda a ese cambio) y de recuperación (con menos dolor
se puede seguir con la vida habitual). Pero esta clasificación está seriamente
cuestionada ya que no existen etapas tan nítidas, ni predeterminadas ni
progresivas. Además, considerar en categorías rígidas el comportamiento
humano no es adecuado.
El duelo implica una fractura en la identidad de la persona, una ruptura en su
historia individual, un proceso en donde asume mucha importancia para superar
ese momento difícil el apoyo de la familia, de amigos, de la religión en los
creyentes u otros soportes posibles. Superar no es olvidar. Siempre que una
persona recuerde a quien perdió tendrá tristeza y nostalgia, sentimientos que
poco a poco cederán en intensidad facilitando recuperar el interés por las cosas
de las vida. En un duelo el factor tiempo es importante para su superación e
insume no menos de uno o dos años.
El duelo no es una enfermedad. Sin embargo, existen factores que complican
su superación: 1) si las pérdidas son traumáticas (por ejemplo, homicidios,
accidentes, suicidios), 2) si no coinciden con el ciclo natural de la vida (muerte
de un hijo), 3) si quien está de duelo no se cuidaba previamente, 4) si existen
muertes sucesivas o múltiples y 5) si faltan los apoyos antes mencionados.
Ante un duelo se pone en crisis todo el sentido de creencias de quien lo padece
y resulta un desafío recuperar o sostener la continuidad de la propia identidad y
del sentido de la vida.
¿Cuándo buscar ayuda profesional? Ante sentimientos de culpa importantes que
inducen prolongados auto reproches, si se abusa de sustancias (alcohol, tabaco,
comida), ante angustia o depresión prolongadas, si no se le encuentra sentido
a la vida, ante pensamientos suicidas, por dificultades para retomar y sostener
una vida funcional similar a la previa, si existe aislamiento social y aparición o
agravación de enfermedades físicas.

 

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