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09/06/2012
No quiero tomar psicofármacos 16-10-11
 
 
En muchas personas esta es una frase frecuente de oír, actitud diferente a si se les indican otros medicamentos como, analgésicos, antinflamatorios, antibióticos, antihipertensivos, etc. Los psicofármacos se asocian a la “locura”, generan desconfianza, existen dudas sobre su eficacia, se los considera peligrosos, adictivos y con importantes efectos secundarios

En muchas personas esta es una frase frecuente de oír, actitud diferente a si se les indican otros medicamentos como, analgésicos, antinflamatorios, antibióticos, antihipertensivos, etc.
Los psicofármacos se asocian a la “locura”, generan desconfianza, existen dudas sobre su eficacia, se los considera peligrosos, adictivos y con importantes efectos secundarios,
Los psicofármacos más utilizados en Medicina son los tranquilizantes, cuyo uso se ha extendido quizás excesivamente. Los más usados son derivados de las benzodiacepinas, sustancias que reducen la ansiedad y la angustia, favorecen el sueño nocturno e, incluso, evitan la aparición de convulsiones. A pesar de ser medicamentos útiles y polivalentes, existen sobre ellos un poderoso e infundado temor a su “capacidad adictiva” y a no poder después pueda dejar de consumirlos.
Para ser preciso, los tranquilizantes pueden generar adicción, si se toman de forma indiscriminada, sin indicación ni control médico y para cuestiones alejadas por completo de los que son sus acciones fundamentales. Por ejemplo, si se utilizan para relajarse por un mal día que se tuvo, por discusiones con la pareja o para controlar la bronca aunque esté justificada, se está haciendo un uso incorrecto de ellos.
Los tranquilizantes, como todo medicamento, deben ser usados con mesura y precisión, y nunca como sustituto de una psicoterapia, de poder conversar con un interlocutor válido, de hacer un deporte o actividad que ayude a la relajación y al encuentro de la tranquilidad pérdida. Los tranquilizantes deben ser siempre indicados por un médico para controlar y disminuir la ansiedad patológica, es decir, aquella que aparece sin ningún motivo y que sea francamente desproporcionada en cantidad y calidad. Recordar que la ansiedad es necesaria y normal ya que motiva y resulta útil para entrar en acción. En cambio, cuando es excesiva, bloquea o paraliza, y es cuando hay que tratarla.
Otros psicofármacos, cada vez más utilizados –y no sólo por los psiquiatras-  son los antidepresivos. Son fármacos muy útiles para combatir la depresión, pero no para la tristeza, conceptos que muchas veces se confunden: una cosa es que una persona con depresión este triste, y otra muy diferente que quien esté triste tenga depresión. La tristeza es una reacción normal, como lo es la alegría, y sólo cuando se convierta en una enfermedad será adecuado recurrir a los fármacos. Los antidepresivos disponibles en la actualidad son más seguros que otros usados hasta hace unos años atrás. Los actuales tienen pocos efectos secundarios y son muy útiles no sólo para tratar la depresión, sino también la impulsividad,  las obsesiones o ciertos tipos de angustia y pánicos.
Por último, están existen los antipsicóticos y los estabilizadores del ánimo, sustancias cuya frecuencia es de uso es más limitado y específico para enfermedades como son las psicosis y los trastornos bipolares.
En resumen, los psicofármacos no son ni buenos ni malos. Lo importante es si están o no bien indicados.
 

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