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09/06/2012
Las personas quejosas 11-12-11
 
 
Se los puede encontrar en todos lados: en la fila del banco, en la oficina, en la propia familia, siempre hay alguien que no para de quejarse. Si hace frío, le molesta y si hace calor, también. La persona quejosa no mantiene en reserva sus pensamientos, por lo cual todo aquel que esté cerca y se resigne a escucharla, será abrumado con explicaciones agotadoras.

Se los puede encontrar en todos lados: en la fila del banco, en la oficina, en la propia familia, siempre hay alguien que no para de quejarse. Si hace frío,  le molesta y si hace calor, también.
La persona quejosa no mantiene en reserva sus pensamientos, por lo cual todo aquel que esté cerca y se resigne a escucharla, será abrumado con explicaciones agotadoras.
No resulta difícil detectar a quien se considera víctima, ya sea de las circunstancias o de las otras personas. En general, percibe en cualquier acontecimiento una suerte de intención en su contra que busca perjudicarla.
Resulta frecuente y difícil cuando las quejas apuntan contra otros individuos a las cuales vive criticando ya que nadie le cae bien, salvo raras excepciones. Aunque todos tenemos defectos, es rara la persona que no tenga algún aspecto positivo, por lo que también el quejoso es injusto ya que no ve nada bueno que puedan tener los demás.
La queja contra los otros suele ser un intento disimulado de realzarse a sí mismo, para lo cual necesita disminuir a los demás. De tal manera, que al quejarse de los defectos ajenos de manera sutil señala lo que considera sus propias virtudes. En verdad, lo que deja en evidencia es una baja autoestima ya que quien bien se estima no necesita fijarse ni compararse con los demás.
Si bien la persona quejosa sabe que así no cambiará la realidad ni las cosas, le agrada poner en evidencia que estas no le caen bien. Es decir, que la queja aunque no resuelve nada (ya que es inoperante y no suele aportar soluciones) resulta una faceta de personas que son amargadas, depresivas o pesimistas.
El quejoso concentrar su atención en lo negativo y en lo que no desea, sus pensamientos perniciosos crean su realidad y sus palabras son la expresión de esos pensamientos. La queja resulta un intento inútil de liberarse del sufrimiento y de su disconformidad generalizada.
Viven así disgustados y pueden apesadumbrar e irritar a los demás ya que la queja es contagiosa y predispone a los demás a quejarse. Como dice un dicho español “El que con lobos anda, a aullar aprende”.
Desde la medicina se podría afirmar que cuando una persona se queja su salud se resiente, y por lo tanto, es común que realmente se enferme, en especial, de rebeldes somatizaciones.
Los quejosos -de cualquier edad- son personas que ven lo malo en todo e, incluso, lo bueno lo convierten en malo, siendo expertos en esta tarea, llegando a convertirse en un firme rasgo de su personalidad. El paso del tiempo, en términos generales, empeora esta tendencia ya que las personas tienden a ser más intolerantes y más inflexibles.
En resumen, puede señalarse que el individuo quejoso se caracteriza por: 1) ser un insatisfecho, 2) estar casi siempre disgustado, 3) exigir explicaciones, 4) vivir frustrado, 5) pretender que se reconozcan sus preocupaciones como válidas, 6) pedir cosas de manera permanente, 7) estar concentrado en: “¿Qué hice yo para merecer esto”.
Dado que la queja crónica es pariente de la depresión un tratamiento resulta siempre necesario.
 

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