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20/11/2011
El silencio, una forma de violencia. 20-11-11
 
 
El silencio ocupa un lugar importante en la comunicación humana y con frecuencia es el protagonista principal del acto comunicativo. Siempre tiene un sentido muy revelador, sea de armonía o, por el contrario y con mayor frecuencia, de enojo y de rabia.

El silencio ocupa un lugar importante en la comunicación humana y con frecuencia es el protagonista principal del acto comunicativo. Siempre tiene un sentido muy revelador, sea de armonía o, por el contrario y con mayor frecuencia, de enojo y de rabia.
La agresión y la violencia se pueden manifestar de innumerables formas y el silencio es una de las más poderosas que se conocen, excluidas las físicas. Mientras que las personas ligadas por el amor o por una amistad profunda pueden pasar buenos ratos en silencio, en un matrimonio desavenido o en relaciones personales perturbadas el silencio siempre expresa una profunda irritación y un querer lastimar al otro. Con frecuencia, se puede hacer un juicio más preciso sobre una persona, no tanto por lo que dice sino, justamente, por lo que calla.
En la decisión de hablar o de callar es importante la intención, “el para qué” del mensaje: Se puede callar como expresión de amor, de cuidado, de no hacer sufrir o, a la inversa, para agredir, lastimar, descalificar o ignorar al otro.
Aunque no se note, quien calla puede hacer oír el silencio en su versión más descarnada de violencia.
El silencio consiste en no expresar en palabras lo que está presente en los pensamientos privados y excluir al otro, descalificándolo.
Quien calla justifica sus razones que siempre responden a causas emocionales, pudiendo citarse como las más importantes:
1) El rencor y la agresión: por hechos ocurridos en el pasado que se juzgan injustos, inmerecidos y que además ocasionaron daños.
2) El temor a las consecuencias: alguien callará si estima que al decir lo que piensa le traerá consecuencias peligrosas. Es decir, cuando hablar es exponerse a riesgos que se prefieren evitar para no resultar perjudicado.
3) La resignación: cuando se juzga que no tiene sentido hablar ya que no se generará ninguna diferencia ni cambio.
4) El pudor: emoción que busca proteger al otro más que protegerse a uno mismo y al callar se intenta no poner en evidencias las incompetencias del otro.
Cuando alguien no está dispuesto a dialogar en la resolución de un conflicto en el que se encuentra implicado, expresando sus sentimientos, sus puntos de vista y abriéndose al intercambio, ha puesto en marcha la peor de las peleas, una guerra sorda, pero muy dañina; muda, pero agotadora.
El silencio agresivo con frecuencia tiene un efecto destructivo en quien lo ejerce, ya que afecta tanto la salud física (con hipertensión, arritmias, gastritis, colon irritable, toma excesiva de alcohol, sobrepeso, etc.) como la emocional (angustia, mal humor, temores, depresión, insomnio, etc.).
Por lo tanto, para quien pretende ser agresivo con su silencio –y aunque tenga éxito- esa rabia contenida se puede transformar en un peligroso boomerang ya que lo que no expresa en palabras dañará inexorablemente su organismo al ser portador de una suerte de bomba de tiempo, que las hormonas del estrés y los neurotransmisores cerebrales harán explotar en algún momento.
Quien calla se frustra por no expresar lo que piensa y siente, y quien no recibe el mensaje pierde una oportunidad de aprender, corregir, explicar o replantear sus hechos y conductas.
 

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